Aportaciones Académicas

Negligencia infantil, como forma de violencia intrafamiliar.

Children’s Negligence , like a kind of intrafamiliar violence

Carmen Leticia Quintanar Gamboa

Resumen

El maltrato a menores ha estado presente en todas las civilizaciones , estando ligado a factores sociales , políticos y religiosos, hoy en día es común observar situaciones de abuso de poder, autoridad por parte de los padres a lo cual muchas veces se le resta importancia, pero las consecuencias psicológicas en el niño influyen negativamente en su desarrollo, es por esto la necesidad de conocer el término negligencia infantil así como los actos que incurren en ella y los efectos que esto causa a nivel familiar, buscando crear conciencia y una mejor relación más equitativa entre padres e hijos

Palabras clave: Maltrato, Negligencia Infantil, Violencia Intrafamiliar, Cuidado.

 

Abstract

The abuse to minors it has been present in all the civilizations, being bound a social, political and religious factors, nowadays it is common to observe situations of abuse authority, authority on the part of the parents to which often importance is reduced to him, but the psychological consequences in children influences negatively in their development, is by this the necessity of to know the term children’s negligence   as well as the acts that incur it and the effects that this cause at familiar level, looking for to create conscience and one better more equitable relation

Descriptors: Child abuse, children┤s negligence, intrafamiliar violence, care.

Introducción.

Los problemas por los que atraviesa la infancia se han agrandado considerablemente, la situación crítica en que se encuentra la infancia a nivel mundial es cada vez más grande y no con ello se agrandan las alternativas de solución, por el contrario aumentan la diversidad de causas y efectos, así como su frecuencia de abusos efectuados contra menores por gente muy cercana a ellos y en la mayoría de los casos la misma familia.

Son muchos los ejemplos de maltrato intrafamiliar y el maltrato infantil, muchas estadísticas que hablan de abusos, muchos testimonios desgarrantes que se guardan en el alma del abusado, y muchos planes o propuestas de proyectos para disminuirlo que solo quedan en planes, dando pocas soluciones, donde debería de hacer cambios como a las leyes que rigen los estados, como el brindar más información a las familias, hacer campañas en contra de la violencia, y por duro que parezca hasta exponer los casos y situaciones de abuso que se viven en el país; ya que muchas veces se encubre o la misma ignorancia hace pensar a muchas familias que el abuso físico o emocional es una forma más de educación, lo más importante que es crear conciencia en todo adulto que tenga relación con algún niño, de la importancia del respeto y valor hacia el menor así como los efectos que el niño pueda tener a causa de una situación de abuso y poder, así como empezar a familiarizarnos con medidas preventivas que puedan estar a nuestro alcance.

El maltrato a menores aparece con el hombre mismo. Todas las civilizaciones lo han presentado y está íntimamente ligado a factores sociales, políticos y religiosos, esta relación obliga a ubicarnos en el contexto de la cultura que se trate, lo que resulta verdaderamente grave, ya que Aristóteles decía que un hijo era propiedad y nada de lo que se haga con la propiedad es injusto, por lo tanto no se reconoce el problema como maltrato, o bien en las sociedades china e hindú el infanticidio era un método de control de la natalidad y una forma de eliminar a niños recién nacidos con malformaciones físicas o daño cerebral por ser considerados instrumentos del mal, en algunas otras sociedades niñas eran sacrificadas por no contribuir a la economía familiar.

En nuestro país el estado ha establecido algunas normas que protegen a la familia, entre las cuales se pueden mencionar el Código Civil, que regula las relaciones familiares y establece derechos y obligaciones para los cónyuges y los hijos. En 1996 y 1998, en las reformas a los códigos Civil y Penal y sus respectivos instrumentos procesales, se logró tipificar la violencia familiar como un delito que, en el caso de aquellos tipos de maltrato que atentan contra niños y niñas con discapacidad mental, debe ser perseguido de oficio por el Ministerio Público (González,1989).

Estas reformas federales (Berumen, 2003), en México, establecen la obligación de respetar la integridad de las personas en el ámbito familiar y evitar conductas violentas en las relaciones en su interior. Asimismo, se modifica la figura de la patria potestad y se establece como causal de divorcio la violencia familiar. A pesar de ello, la violencia doméstica contra los hijos se ejerce legalmente en casi la mitad de los estados de la República Mexicana. En 11 entidades se permite que los padres o tutores ejerzan castigo corporal a sus hijos o pupilos, indicando que las lesiones que se produzcan "en el ejercicio de corregir" no pongan en peligro su vida.

Es así como el castigo ha tomado un sentido más que educador que llena de resentimientos a los niños, en toda la crianza de los niños no hay asunto que suscite emociones diversas tan fuertes como el castigo, algunos piensan que el castigo es el único método confiable de disciplina (Williamson, 1992).

No hay forma de que el castigo sea placentero, es doloroso en el aspecto físico, mental o emocional y tiene consecuencias en los grupos vulnerables.

Los niños y las niñas forman uno de los grupos denominados vulnerables. Se considera que un grupo vulnerable es aquel que por razón de la edad, sexo, raza, color, idioma, religión, opiniones políticas, origen nacional o posición económica, nacimiento, características físicas o culturales están en mayor riesgo de sufrir de discriminación, disminución o negación de sus derechos fundamentales (Pérez, 2006).

De conformidad con el artículo 1o. de la Convención sobre los Derechos del Niño, para efectos de protección del menor se entenderá que es niño todo ser humano que cuente con menos de 18 años. Éste, por su condición y características, debe ser considerado una prioridad en la protección y cuidados que se le deben tanto por sus padres como por su familia, la sociedad y el Estado. En este aspecto existen instrumentos jurídicos tanto en el ámbito internacional como en el nacional que tienen como objetivo reconocer y proteger mediante todos los medios posibles los derechos de los niños (citado por Pérez, 2006).

Lammoglia (2004), en su libro:"la violencia esta en casa" habla de cómo hasta principios de los años sesenta fue cuando se empezó a hablar del "síndrome del niño maltratado". Antes no se había reconocido la violencia que sufren los menores dentro del hogar.

Todos los niños necesitan alguien de quien depender. Necesitan a alguien que los refleje, les haga eco y afirme sus sentimientos. Necesitan ser tocados, tomados en serio, estimulados y sometidos a actividades que representen un desafío para ellos.

La Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) define el maltrato infantil como "Toda forma de violencia, perjuicio o abuso físico y mental, descuido o trato negligente, malos tratos o explotación, mientras que el niño se encuentre bajo la custodia de sus padres, de un tutor o de cualquier persona que lo tenga a su cargo (citado por el Hospital Infantil de México, 2006).

La UNICEF, Fondo Internacional de Socorro de la Infancia entiende a los menores victimas de maltrato y el abandono como aquel segmento de la población conformado por niños, niñas y jóvenes hasta 18 años, que sufran ocasional o habitualmente actos de violencia física, sexual o emocional, sea en el grupo familiar o en las instituciones sociales, el maltrato puede ser ejecutado por omisión, supresión o trasgresión de los derechos individuales y colectivos e incluye el abandono completo o parcial (citado por Lira, 2006).

La marginación se presenta de diferentes maneras, cada una con características propias y reacciones personalizadas del menor, sin embargo, todas ellas lo llevan a condiciones de sufrimiento, que se evidencian en su comportamiento a lo largo de su existencia. Este ultraje se lleva a cabo con diversos grados de intensidad, originados por causas múltiples y presentes en todas las clases sociales, manifestándose principalmente como: maltrato físico, maltrato psicológico, abuso sexual, abuso de la fuerza de trabajo infantil y postergación de sus derechos; causando cada uno, deterioro físico y mental al menor, en diversos grados. Para efecto de este ensayo, de cada uno de estos tipos de maltrato daremos una descripción de manera suscita, para después abordar con mayor amplitud sobre sus causas y consecuencias.

Tanto en el maltrato físico como en el psicológico (emocional), participa generalmente todo adulto o menor de edad, pero mayor que el agredido (padres, hermanos, otros familiares, policías, maestros, etc.), que de alguna forma o en algún momento ejerce el poder y el control del menor. Cabe agregar que en el maltrato psicológico, éste, lo pueden ejercer también, aunque de una manera más sutil pero no menos grave, algunos medios masivos de comunicación (radio, cine, televisión y publicación escrita), que incitan al consumismo desenfrenado de productos e ideologías y presentan asimismo información falsa o manipulada, pornografía y eventos de violencia. Respecto a este último, la Federación Psiquiátrica Italiana (citado en Mendoza, 2005) considera que "la violencia en las películas fortalece el comportamiento mimético; proyecta al público una imagen distorsionada de la realidad y una actitud permisiva hacia la brutalidad, fomentando actitudes violentas". No hace falta decir que la manipulación psicológica ocasiona una distorsión aguda en la personalidad del menor al desvirtuar su percepción de la realidad.

Existen algunos modos especiales de maltrato físico y emocional, que se presentan en un porcentaje menor en relación con los demás, sin embargo es importante señalarlas en virtud del deterioro que causa también en la calidad de vida del menor que lo sufre. Se considera importante también hacerlo del conocimiento de los adultos que pueden hallarse en estas circunstancias, al no estar en muchos casos plenamente conscientes de los daños que producen este tipo de acciones, las cuales se presentan como: negligencia, maltrato a hijos deportistas, ritualismo y marginación en situaciones especialmente difíciles.

Finalmente, mencionamos a los menores que se encuentran en situaciones especialmente difíciles, ubicando en éstas a los niños: refugiados, víctimas de guerras; víctimas de desastres naturales; repatriados, hijos de trabajadores migratorios; víctimas del tráfico de órganos humanos; menores institucionalizados; y niños y adolescentes con necesidades especiales.

México no es la excepción en cuanto a la presencia del maltrato infantil, pero tampoco lo es respecto a los esfuerzos por estudiar, detectar los casos y resolver el problema. Los estudios médicos sobre el tema comienzan en nuestro país a principios de la década de los 70, sin embargo aumenta el interés en la investigación y difusión del fenómeno, no sólo en el área médica sino en todas las áreas que abarca este problema, a partir de los años 80 y aun más como consecuencia de la adopción por la Asamblea General de las Naciones Unidas de la Convención sobre los Derechos del Niño en 1989, que fuera ratificada por México en septiembre de 1990 (Pérez, 2006).

Respecto a esto último se tienen datos de una investigación hecha en México donde Berumen (2003), comenta acerca del estudio que realizó Jaime Marcovich, de una muestra de niños agredidos, obteniendo como resultados en cuanto a las razones aducidas por el agresor, 23% dijo haber agredido al niño porque pedía comida, 21% porque no podía mantenerlos y el niño no traía dinero a casa, es decir el 64% de las causas aducidas tiene relación con problemas económicos, 9% justificó su actitud porque el niño lloraba, 8% porque no obedecía, 6% porque hacía travesuras y 5% porque no controlaba los esfínteres.

Entre las lesiones causadas a los niños que no resultaron muertos, las más comunes, 33% de los casos, son las quemaduras con los cigarrillos, hierros calientes u otros objetos. En segundo lugar están los azotes, que representan el 27% de los casos y que son propinados con reatas mojadas, cuerdas y cinturones. En tercer lugar, encontramos un grupo de lesiones que la clasificación internacional no contemplaba, seguramente porque los expertos no pudieron imaginar este tipo de aberraciones a la hora de tipificar una clasificación.

Y que representan el 21% de los casos, incluyendo dejar a los niños hincados sobre corcholatas, bañarlos con agua helada, encierros y amarres en cuartos o letrinas, intoxicaciones con hierbas.

Es importante señalar que un castigo común en nuestro medio es la inanición o ayuno prolongado, aplicado en 18% de los casos. En realidad son las madres y no los padres, quienes cometen la inmensa mayoría de los abusos, y negligencias el 70% según el Departamento de Justicia de los USA (Berumen, 2003).

El Programa DIF proporcionó datos que permitieron integrar un diagnóstico a nivel nacional en el año de 1995. Dicho estudio mostró que desde su inicio hasta octubre de 1995 se recibieron 16,028 denuncias de violencia contra menores, de las que en 5,940 se comprobó que tal maltrato se presentó. Esto quiere decir que se recibió aproximadamente un promedio anual de 1,145 denuncias en que el maltrato se comprobó en aproximadamente 424 casos. Del total de los casos antes señalados, 1,640 fueron reportados sólo entre enero y octubre de 1995, lo que representa un promedio mensual de denuncia de 164 casos, y de éstos sólo se comprobó el maltrato en 649 casos lo que representa que éste existió en 65 casos por mes (Pérez, 2006).

Otros datos que diera a conocer la Dirección de Asistencia Jurídica del DIF en octubre de 1996, muestran que, del total de denuncias presentadas durante esos 10 meses por maltrato, en 3,428 casos la madre fue la agresora, en 2,206 el padre, en 485 los padrastros, en 417 las madrastras, en 243 los abuelos, en 188 los tíos, en 88 los maestros y en 399 otras personas. Por lo que hace a las características de los menores víctimas del maltrato, se mencionan las relativas a escolaridad, a las que añadiremos rangos aproximados de edad: en primer lugar se encuentran niños que cursan la primaria [entre los 6 y los 12 años], en segundo lugar los que cursan el jardín de niños [entre los 3 y los 5 años], en tercer lugar los que cursan la secundaria [entre 13 y 16 años], en cuarto lugar los niños en periodo de lactancia [entre 0 y 2 años], en último los que cursan la preparatoria [mayores de 16 años]. Por último, respecto a la cantidad de casos atendidos de acuerdo con la agresión de que fueron objeto los menores, encontramos que se presentaron 3,962 casos de maltrato físico, 1,890 casos de maltrato emocional o psicológico, 1,831 casos de falta de cuidados y 358 casos de abuso sexual (citado por Pérez, 2006).

Efectos psicológicos en el niño.

     Retraso en su desarrollo y crecimiento, baja autoestima y perdida de la confianza con otras personas, lesiones que causan discapacidad parcial o total, pérdida de años de vida saludable, bajo rendimiento escolar, agresividad y rebeldía, aislamiento, soledad y angustia, incapacidad para resolver los problemas sin violencia, búsqueda de afecto y aceptación por personas o grupos inadecuados, tendencia al alcoholismo, drogadicción y tendencia a cometer actos delictivos.

Según Bradshaw (2000), menciona algunas características que desarrollan los niños y adultos que crecieron en familias emocionalmente abusivas:

Respecto a la vergüenza que tanto se menciona pasa a ser en lugar de un sentimiento, una forma de ser. Esto ocurre de tres maneras: a) cuando los padres basados en la vergüenza modelan a sus hijos de esa forma y les transmiten su vergüenza. B) Cuando los niños son avergonzados (mediante la negligencia y / o el abandono de sus padres, C). Cuando los niños, después de un tiempo de aprendizaje negativos, terminan por avergonzarse de sus sentimientos e impulsos. Esta falta de control de los padres en el mal manejo de sus hijos toma alternativas poco saludables como el castigo o los golpes que de poco ayudan para una sana educación.

Zagury (2004), menciona lo que en realidad un golpe enseña: A tener miedo de la persona mayor, del más fuerte o del más poderoso, a perder el interés por la actividad que estaba desarrollando en el momento del castigo, que el comportamiento agresivo es válido, que la agresión física es un hecho normal y posible de ser practicado, que los padres no son confiables, que de aquel de quien se espera amor, se reciben palizas y agresiones.

Afectación a nivel familiar

Alice Miller en su libro "For your own good" (citado en Bradshaw, 2004), agrupa algunas reglas paternales bajo el nombre de "pedagogía ponzoñosa". Ella sostiene que la pedagogía ponzoñosa es un ejercicio de paternidad que viola los derechos de los niños, Cuando esos niños crecen y se convierten a su vez en padres, vuelven a utilizar dicha violencia para educar a sus hijos.

La pedagogía ponzoñosa exalta la obediencia como el valor supremo, detrás de la obediencia viene el orden, la limpieza y el control de emociones y los deseos. Los niños son considerados "buenos "cuando piensan y se comportan de la manera en que les enseñaron a pensar y comportarse; los niños son virtuosos cuando son mansos, agradables, considerados y abnegados. En este tipo de pedagogía, el niño es mejor mientras pueda ser visto, pero no oído y hable solo cuando se le habla.

Las familias ya no están constituidas como antes, ni permanecen en le mismo lugar durante generaciones, no obstante queremos educar a nuestros hijos igual que se hacía en sociedades rurales, donde abuelos, tíos y otros parientes ayudaban en la tarea de educar con ejemplos, que siempre han sido más poderosos que los sermones.

Si ya estamos convencidos que no debe de aplicarse aquello de que la letra, con sangre entra, y si ya hemos superado los tiempos en los que se golpeaba sistemáticamente a los niños en la casa y en la escuela aunque se repitiera "a mí me duele mas que a ti". ┐Por que a veces se sigue con estas conductas de agresión hacia sus propios hijos? (Mendoza, 2003).

Se dice que la narración ordenada y detallada de las reacciones normales que la negligencia y la violencia emocional provocan, ayuda a las víctimas a reconocer que su comportamiento tiene que ver con los que les pasó y no con su forma de ser.

La mayoría de los niños de la calle que viven solos en la calle de nuestras ciudades son menores que prefirieron huir del infierno familiar. Para estos niños, la jungla de asfalto, con todos sus peligros y amenazas, es un sitio más seguro que su propio hogar, prefieren pasar hambre, vejaciones y frío que volver a entrar a su casa: la casa del horror.

Conclusión

Hoy en día es común hablar de violencia y de los niños maltratados, siendo una situación que en general molesta a la sociedad , sin embargo hemos olvidado también de cierto abuso de poder que ejercen los padres con sus hijos dentro de la dinámica familiar, y este abuso, descuido o negligencia causa reacciones negativas en el desarrollo emocional del niño.

Desde el rechazo, la discriminación, el abandono, permitir la violencia entre hermanos, y la exigencia de la perfección, son causas de abuso y maltrato infantil, a veces esto puede parecer tan sutil que la mayoría de la población le resta importancia.

La función de ser padres no es fácil, pero es algo que se elige, en la mayoría de los casos. Por otro lado, los hijos solo son niños por un breve periodo de tiempo. Quienes están concientes de esto y deciden traer niños al mundo, ven esta función como la más importante de sus vidas.

Saben que esta en sus manos cuidar la autoestima de sus hijos como factor fundamental para su futuro. Los padres deben proteger a sus hijos de los riesgos, no ser el riesgo. Por lo que se debe de tomar conciencia en el trato y los límites que se quieran manejar con los niños.

Cuando hablamos de establecer límites en los niños, nos referimos a frecuentes alternativas, espacios para funcionar, margen en una concesión (Borbolla, 2000). Los indicadores existentes señalan que es un problema grave que requiere atención del sistema legal y de las autoridades de salud para enfrentarlo.

Los niños necesitan de personas cercanas que los cuiden, los orienten, que les sirvan de modelo. Para que estas personas a cargo de los niños, y en especial para que los padres puedan llevar a cabo esta tarea, necesitan tener sus propias necesidades satisfechas. Los niños requieren de sus padres atención, dirección y tiempo. Para que los padres puedan satisfacer las necesidades de sus hijos les den gusto o los complazcan, es necesario que ellos también gocen de actividades propias de su interés, se interesen por conocer más acerca de la educación de sus hijos, muestren disposición y tolerancia para poder entender el mundo de los niños, y para fin de cuentas lograr que se lleve a cabo una buena educación (Lammoglia, 2004). Ya que como se ha mencionado existen factores determinantes como el tiempo que la madre pasa con los hijos y la problemática ocupacional y conyugal, el aspecto educativo, numero de hijos y las condiciones económicas.

Observando todo lo anterior, se hace imprescindible que toda la sociedad advierta las causas profundas de la problemática infantil y su entorno a efecto que se concientice y coadyuve en la lucha contra esta compleja barrera hacia la dignidad del ser humano. Ya que la seguridad y confianza es básica en el desarrollo del niño desde su nacimiento, cada situación de abuso por sencilla que parezca puede como se ha mencionado causar graves daños psicológicos y hasta físicos a la integridad del menor, es por esto que situaciones de descuido, mal manejo de límites, uso de castigos, golpes, falta de cuidados son factores de violencia que atentan sobre la integridad del individuo.

Algunos padres que se valen de la agresión no se molestan escudándose en racionalizaciones, sino que bombardean a sus hijos con insultos, acusaciones, y calificativos sumamente crueles. Esas formas de maltrato pueden marcar a fuego la autoestima del hijo, lo mismo que si fueran una marca para ganado, y dejar profundas cicatrices psicológicas (Forward, 1991).

Muchos padres esgrimen la violencia como argumento contra la razón, como explica Lammoglia (2004) en su libro "El daño que hacemos a nuestros hijos" respecto a que los padres violentos asumen que el hijo es de su propiedad y, a base de ejercer un control brutal, el niño crece con una falta de autoestima, se vuelve incapaz de reaccionar porque la fuerza y la autoridad aplastante de los adultos lo silencian y pueden incluso hacerle perder conciencia. Bebés, niños y adolescentes de ambos sexos son víctimas de distintas formas de maltrato que van desde el abuso sexual y los golpes hasta la violencia psicológica y el abandono, dentro del confinamiento de su propio hogar, el niño es una víctima acorralada.

Medidas preventivas para el abuso infantil.

Compartir responsabilidades en el interior de la familia y mantener una comunicación estrecha con la finalidad de cimentar una firme confianza en todos los miembros de ella, informarse sobre las mejores condiciones de higiene y alimentación para el desarrollo de los hijos de acuerdo con su edad, utilizar maneras amables de ejercer la autoridad, convivir más tiempo con la familia y fomentar las actividades recreativas para todos sus integrantes, tener en cuenta la edad de sus niños, sus necesidades e intereses, así como sus limitaciones y por lo tanto, no perder la paciencia, integrar al núcleo familiar al miembro con algún tipo de discapacidad, solicitar ayuda profesional ante problemas de adicciones o bien ante algún adulto que se considere maltratado y así poder construir un ambiente de respeto y tolerancia dentro del hogar.

Es por esto que se dan algunas recomendaciones para seguir en casa y que el niño no se sienta agredido por la forma de educar de sus padres:

Sobre la supuesta efectividad de los castigos o la justificación que demos a los golpes, debe tomarse en cuenta que todas esas formas de pensar se convierte en una bomba de tiempo, que cuando estalle transformará cualquier pequeño detalle en todo un conflicto familiar. En muchos de los casos, los padres maltratadotes han sido a la vez víctimas de una cadena de malos tratos, la cual no se han permitido o no han podido romper (Mendoza, 2003).

Para asumir una actitud más generosa, más abierta o sensible, necesariamente habrá que aliviar por lo menos la carga de malestar, enojo y frustración que cada cual soporta, para así, después, permitirse reaprender formas de convivencia y resolución de conflictos por vías no violentas, e ir separándose tanto de creencias como de las mismas practicas de maltrato hacia hijas e hijos.

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