Aportaciones Académicas

La sombra en mujeres alcohólicas.

 

Gina Zaga Sacal

Resumen.

El alcoholismo es una enfermedad progresiva y mortal, que no solo conlleva consecuencias negativas al sujeto que la padece sino que tiene repercusiones a nivel familiar, social, etc.

Por ello, son diversas las investigaciones que se han realizado a cerca de este fenómeno, pero la mayoría se han centrado más en la figura masculina.

Este articulo aborda el alcoholismo femenino, desde una visión junguiana, específicamente, analiza si el concepto de sombra es de utilidad para la comprensión de este hecho.

Concluyéndose que el alcoholismo femenino puede ser visualizado como una actuación de la sombra de la mujer, en base a que en tal conducta se proyecta al exterior comportamientos de una persona primitiva inferior, que no quiere reconocer como propia.

Palabras clave: Jung, Alcoholismo, mujeres, sombra.

Abstract.

The alcoholism is a disease progressive and mortal, that no single entails negative consequences to the subject that suffers it but that it has repercussions at familiar level, social, etc.

For that reason, the investigations are diverse that have been made to near this phenomenon, but the majority has been centered more in the masculine figure.

This articulate approach the feminine alcoholism, from a junguiana vision, specifically, analyzes if the shade concept is of utility for the understanding of this fact.

Concluding that the feminine alcoholism can be visualized like a performance of the shade of the woman, on the basis of which in such conduct projects to the outside behaviors of an inferior primitive person, whom it does not love to recognize like own.

Key words: Jung, Alcoholism, women, shade.

Marco teórico.

En una investigación reciente a través de un estudio de casos, se llega, entre otras, a las siguientes conclusiones:

A partir de las conclusiones de esta investigación, se puede observar que el marco teórico junguiano puede ser útil para entender y explicar el alcoholismo femenino, siendo que este artículo pretende ahondar en una variable de ese mundo interno: en la sombra de esa mujer.

Siendo esto importante ya que en México, Mariño y Medina Mora (citados por Penichet, 2004) reportan que en cuanto a la ingesta por sexo de 12 a 65 años, se encontró que el 66,8% de la población de abstemios esta constituida por el 33.2% de los hombres y el 62.6% de las mujeres. Por lo que se puede observar que el alcoholismo femenino no es un fenómeno raro o poco frecuente.

Ahora bien, la teoría de Jung (citado por Cuelli, 1974) divide la psique en tres partes. La primera es el Yo, el cual se identifica con la mente consciente. Relacionado cercanamente se encuentra el inconsciente personal, que incluye cualquier cosa que no esté presente en la conciencia, pero que no está exenta de estarlo. El inconsciente personal sería como lo que las personas entienden por inconsciente en tanto incluye ambas memorias, las que podemos atraer rápidamente a nuestra conciencia y aquellos recuerdos que han sido reprimidos por cualquier razón. La diferencia estriba en que no contiene a los instintos, como Freud incluía.

Después de describir el inconsciente personal, Jung (citado por Zaid, 1998) añade una parte al psiquismo que hará que su teoría destaque de las demás: el inconsciente colectivo. Podríamos llamarle sencillamente nuestra "herencia psíquica". Es el reservorio de nuestra experiencia como especie; un tipo de conocimiento con el que todos nacemos y compartimos. Aún así, nunca somos plenamente conscientes de ello. A partir de él, se establece una influencia sobre todas nuestras experiencias y comportamientos, especialmente las emocionales; pero solo le conocemos indirectamente, viendo esas influencias.

Existen ciertas experiencias que demuestran los efectos del inconsciente colectivo más claramente que otras. La experiencia de amor a primera vista, el "deja vu" (el sentimiento de haber estado anteriormente en la misma situación) y el reconocimiento inmediato de ciertos símbolos y significados de algunos mitos, se pueden considerar como una  conjunción súbita de la realidad externa e interna del inconsciente colectivo. Otros ejemplos que ilustran con más amplitud la influencia del inconsciente colectivo son las experiencias creativas compartidas por los artistas y músicos del mundo en todos los tiempos, o las experiencias espirituales de la mística de todas las religiones, o los paralelos de los sueños, fantasías, mitologías, cuentos de hadas y la literatura.

Un ejemplo interesante que actualmente se discute es la experiencia cercana a la muerte. Parece ser que muchas personas de diferentes partes del mundo y con diferentes antecedentes culturales viven situaciones muy similares cuando han sido "rescatados" de la muerte clínica. Hablan de que sienten que abandonan su cuerpo, viendo sus cuerpos y los eventos que le rodean claramente; de que sienten como una "fuerza" les atrae hacia un túnel largo que desemboca en una luz brillante; de ver a familiares fallecidos o figuras religiosas esperándoles y una cierta frustración por tener que abandonar esta feliz escena y volver a sus cuerpos. Quizás todos estamos "programados" para vivir la experiencia de la muerte de esta manera.

Arquetipos

Los contenidos del inconsciente colectivo son los llamados arquetipos. Jung (1964) también les llamó dominantes, imagos, imágenes primordiales o mitológicas y otros nombres, pero el término arquetipo es el más conocido. Sería una tendencia innata (no aprendida) a experimentar las cosas de una determinada manera.

El arquetipo carece de forma en sí mismo, pero actúa como un "principio organizador" sobre las cosas que vemos o hacemos. Funciona de la misma manera que los instintos en la teoría freudiana. Al principio, el bebé solo quiere algo de comer, sin saber lo que quiere. Es decir, presenta un anhelo indefinido que, no obstante, puede ser satisfecho por algunas cosas y no por otras. Más tarde, con la experiencia, el bebé empieza a anhelar cosas más concretas cuando tiene hambre (un biberón, una galleta, etc.).

El arquetipo es como un agujero negro en el espacio. Solo sabemos que está ahí por cómo atrae materia y luz hacia sí mismo.

La sombra

Por supuesto que en la teoría junguiana también hay espacio para el sexo y los instintos. Éstos forman parte de un arquetipo llamado la sombra. Deriva de un pasado pre-humano y animal, cuando nuestras preocupaciones se limitaban a sobrevivir y a la reproducción, y cuando no éramos conscientes de nosotros como sujetos.

Sería el "lado oscuro" del Yo (del sí mismo) y nuestra parte negativa o diabólica también se encuentra en este espacio. Esto supone que la sombra es amoral; ni buena ni mala, como en los animales. Un animal es capaz de cuidar calurosamente de su prole, al tiempo que puede ser un asesino implacable para obtener comida. Pero él no escoge ninguno de ellos, simplemente hace lo que hace, es "inocente"; pero desde nuestra perspectiva humana, el mundo animal nos parece brutal, inhumano; por lo que la sombra se vuelve algo relacionado con un "basurero" de aquellas partes de nosotros que no queremos admitir.

Los símbolos de la sombra incluyen la serpiente (como en el Jardín del Edén), el dragón, los monstruos y demonios. Usualmente guarda la entrada a una cueva o a una piscina de agua, que representarían el inconsciente colectivo (Jung, 1964).

Viene a ser como una personalidad, dentro de la misma personalidad. La sombra representa los impulsos sexuales y agresivos olvidados o reprimidos. Posee su propia energía psíquica y puede llevar al sujeto a realizar actos peligrosos o irresponsables a los ojos de otros. Un rasgo básico de la sombra, es la "proyección". Solemos atribuir a las otras personas, las cualidades malignas y rechazadas en nosotros mismos, aspectos que conscientemente no reconocemos. La sombra es lo mas opuesto al "ego" (yo). La sombra de los hombres, además suelen adoptar una forma femenina ("anima") frente a su ego consciente masculino, y en las mujeres la sombra adopta el rasgo masculino ("animus"). La mente de los hombres y mujeres tienen elementos inconscientes opuestos a los de su ego, partes masculinas y femeninas ocultas (Von Franz citado por Miss, 2002).

Por otra parte, se sabe que en el proceso de individuación de la psicología de Carl Gustav Jung (citado por Cuelli, 1974) se tiende hacia el centro superior de la psique, es decir, al Sí-Mismo, y para ello el Yo, nuestra conciencia o consciencia, va ampliando su autoconocimiento e integrando los diversos arquetipos que configurarán su personalidad total.

El primer arquetipo que debe ser integrado es lo que Jung (1964) denominó con el nombre de sombra. Esto supone comenzar conscientemente el proceso de individuación reconociendo y vivenciando los contenidos de nuestro inconsciente personal. Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el "ser inferior" que habita en nuestro interior.

La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. La sombra proyectada es la causante de la gran mayoría de los actos cotidianos en los que la intercomunicación es obstruida por "ruidos" psíquicos. Acusamos a los demás de defectos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocerlos como tales:

"Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egoísmo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetito desordenado de dinero y posesiones..." (Fordham, 1968).

La sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos (Jung, citado por Burckhardt, 1987).

"Antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la decisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente"..." (Fordham, 1968).

La sombra impulsa al ser humano al contagio colectivo", a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa (Jacobi, 1963). Cuando un hombre está sólo, por ejemplo, se siente relativamente bien; pero tan pronto como "los otros" hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar.

La sombra se personifica, por tanto, en personas del mismo sexo, tanto en sueños como en los mitos y manifestaciones artísticas. Suele personificarse como una persona primitiva inferior, "como alguien que tiene cualidades desagradables o que nos molesta" (Fordham, 1968).

La sombra es también la causante de muchísimos conflictos políticos, sociales y religiosos; la agitación política por ejemplo, está llena de proyecciones de la sombra en el enemigo o el traidor. Von Franz (citado por Jung, 1964) dice:

"La agitación política en todos los países está llena de proyecciones, en gran parte parecidas a las cotilleos de vecindad entre grupos pequeños e individuos. Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen también toda posibilidad de auténticas relaciones humanas".

Sea como fuere, la represión que nuestra "función superior" (la función psicológica más imperante en nuestro Yo consciente de las cuatro posibles: intuir, pensar, sentir y percibir) y nuestra tipología psicológica (introvertido o extravertido) lleva a cabo con todo aquello que no se ajusta a ellas un incremento de energía psíquica en la sombra, con lo cual ésta se torna más negativa. La misión del ser humano es integrar este "hermano oscuro" y dejar de creer que somos mejores que los demás, siendo conveniente no intentar reprimir totalmente la sombra.

Además hay que considerar que la sombra personifica al inconsciente personal pero también es un componente arquetípico ya que todos los seres humanos portan consigo una sombra, un "aspecto sombrío" que actúa mediante la proyección de contenidos del inconsciente personal. Estas proyecciones conforman un comportamiento arquetípico que configura a la sombra como un fenómeno colectivo. Además la sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, faunos, etc.

Pero la sombra es algo consustancial al individuo, ya que la propia naturaleza del mundo implica que exista luz y exista oscuridad. La fuerza de la sombra no sólo actúa negativamente sino también positivamente. Jung (1964) describía:

"La sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechable sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber: instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc".

Por ello, la integración de la sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con la sombra supone tener "conciencia crítica despiadada del propio ser". Zweig et al (1994) proponen al respecto:

"Que la sombra se convierta en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos... La sombra no es siempre, y necesariamente, un contrincante. De hecho es exactamente igual a cualquier ser humano con el cual tenemos que entendernos, a veces cediendo, a veces resistiendo, a veces mostrando amor, según lo requiera la situación. La sombra se hace hostil sólo cuando es desdeñada o mal comprendida".

"Si la figura de la sombra contiene valiosas fuerzas, y fuerzas vitales, tienen que ser asimiladas a experiencias efectivas y no reprimidas. Corresponde al Yo renunciar a su orgullo y fatuidad y vivir conforme a algo que parece oscuro, pero que, en realidad, puede no serlo. Esto ha de requerir un sacrificio tan heroico como la conquista de la pasión pero en sentido opuesto" (Von Franz, 1998).

El conflicto surge debido a que, en principio, ignora el Yo si un impulso de la sombra es positivo o negativo. Este es uno de los problemas más conflictivos del proceso de individuación en esta primera fase del camino de la integración de los arquetipos y de la búsqueda del Sí-Mismo. "El reconocimiento de la sombra predispone a la modestia y hasta al temor a la esencia insondable del ser humano" (Jung, 1978). Con el reconocimiento de la sombra, el individuo comienza, consecuentemente, a relacionarse con los demás de otra forma. Al respecto, Jung (1981) decía:

"Todavía hoy debemos tener sumo cuidado para no proyectar nuestra propia sombra de un modo harto vergonzoso, y estamos como inundados por ilusiones proyectadas. Al representarse a una persona suficientemente valiente como para desprenderse por entero de toda proyección piénsese en un individuo consciente de poseer una sombra considerable. Tal hombre se ha cargado de nuevos problemas y conflictos; se ha convertido en tarea seria para sí mismo, dado que no puede decir ya que son los otros quienes hacen tal o cual cosa, ni que son ellos los culpables, y que hay que combatirlos. Vive en la "casa del autoconocimiento, de la concentración íntima. Sea cual fuera la cosa que ande mal en el mundo, este hombre sabe que igual ocurre también dentro de él mismo y si aprende solo a "componérselas" con su sombra habrá hecho en verdad algo para el mundo. Habrá logrado entonces dar respuesta a una ínfima parte, al menos, de los enormes problemas que se plantean en el presente, buena parte de los cuales oponen tantas dificultades en razón de hallarse como envenenados por las mutuas proyecciones. ¿Y podrá ver claramente quien no se ve a sí mismo ni aquellas oscuridades que, inconscientemente, está transfiriendo en todas sus acciones?

La cita es larga pero sustancial. Se precisa una decisión moral considerable para confrontarse, reconocerse, admitir e integrar a la sombra con el Yo.

Por todo lo comentado se deduce que el encuentro con la sombra coincide en muchas personas con la concienciación del tipo de función psicológica y actitud tipológica al que pertenece ya que las funciones indiferenciadas y la actitud psicológica reprimida conforman parte de nuestra sombra. Su desarrollo, por tanto, va ligado al Yo y actúa de forma complementaria o compensatoria con respecto a la conciencia mientras no se es consciente de dicha sombra (Jacobi, 1963).

Por otra parte, también es importante ocuparnos de los principios de las operaciones psíquicas. Jung (Groesbeck citado por Kaplan et al, 1990) nos brinda tres principios. El primero de ellos es el principio de los opuestos. Cada deseo inmediatamente sugiere su opuesto. Por ejemplo, si tengo un pensamiento positivo, no puedo dejar de tener el opuesto en algún lugar de mi mente. De hecho, es un concepto bastante básico: para saber lo que es bueno debo conocer lo malo, de la misma forma que no podemos saber lo que es negro sin conocer lo blanco; o lo que es alto sin lo bajo.

El segundo principio es el principio de equivalencia, donde la energía resultante de la oposición se distribuye equitativamente en ambos lados.

El último principio es el principio de entropía, el cual establece la tendencia de los opuestos a atraerse entre sí, con el fin de disminuir la cantidad de energía vital a lo largo de la vida. Se extrajo la idea de la física, donde la entropía se refiere a la tendencia de todos los sistemas físicos de solaparse; esto es, que toda la energía se distribuya eventualmente. Si, por ejemplo, tenemos un calentador en la esquina de una habitación, con el tiempo el salón completo se calentará.

Con estos conceptos teóricos podemos iniciar el análisis del otro tema relevante de este artículo: el alcoholismo femenino.

Para investigadores como Brown, Blume y Nadeau (citados por Barcia et al, 1990) el consumo del alcohol puede relacionarse con acontecimientos vitales relevantes sufridos, las mujeres en particular relacionan su alcoholismo con los factores ambientales con más frecuencia que los hombres, eventos que generalmente están asociados a conflictos en la esfera conyugal y familiar.

Las tensiones vividas en sus roles de madre-esposa-ama de casa y los sentimientos de inadaptación a estos, corren parejas con la insatisfacción de las expectativas personales, tanto en el hogar como en el trabajo y están íntimamente asociados a su proceso de alcoholización.

Durante períodos prolongados la mujer bebe en solitario, por esta razón es breve el lapso que media entre los aparentes primeros problemas con el alcohol y las graves manifestaciones de dependencia física que se hacen evidentes. Se acentúan además otros problemas derivados de esa conducta, tales como los accidentes, caseros y por conducir bajo estado de embriaguez, los daños a la salud y los conflictos en el seno del hogar (Pittman, 2001).

El alcoholismo en la mujer está marcadamente relacionado con una historia familiar de abuso de alcohol. Se ha encontrado una prevalencia de alcoholismo paterno que puede alcanzar hasta un 60%. En aquellos casos con antecedentes familiares de alcoholismo se produce un inicio más temprano del abuso del alcohol, tienen un peor pronóstico y una mayor asociación con otros trastornos psiquiátricos. A partir de estos elementos se considera que los mecanismos genéticos y los patrones familiares de interacción, reforzarían mutuamente la transmisión intergeneracional del alcoholismo, unido al papel que desempeñan los factores psicológicos como elementos causales importantes (Pellegrini et al, 2000).

El funcionamiento de la personalidad depende de múltiples factores, que no se reducen solamente al estilo de comportamiento, lo que negaría la importancia de otros aspectos psicológicos que influyen en la vulnerabilidad o resistencia a enfermar. Algunos autores (citados por Conde et al, 1990) destacan el papel de las motivaciones, el control de afrontamientos, la autoevaluación, la autoestima, la afectividad, los conocimientos, las aptitudes, la fortaleza personal, el estilo de vida y las habilidades personales como recursos del individuo, que facilitan la manipulación de situaciones potencialmente favorecedoras o resistentes y que son tenidas en cuenta al analizar la problemática del alcoholismo en la mujer.

Los estudios psicológicos realizados en distintas latitudes a mujeres alcohólicas reflejan la existencia de un grado significativamente alto de depresión, pobreza en su autoestima, afectación en su autocontrol con sentimientos y actos agresivos así como tendencia al pensamiento paranoide. Se habla además de la llamada herencia psicológica para hijos de padres alcohólicos al producir imitación o rechazo de los patrones paternos que favorecen su propio alcoholismo, el casamiento con una pareja alcohólica o una conducta de total abstinencia (citados por Pellegrini et al, 2002).

Vangluss y colaboradores (citados por Farias-Arghileri, 2001) describen a las madres de estas mujeres como duras y distantes, con padres insuficientes y ausentes, inestabilidad familiar, distrés económico y una marcada deprivación afectiva infantil generalmente asociada a la pérdida de un progenitor ya sea por divorcio, separación o muerte.

Durante el embarazo la mujer alcohólica tiene un riesgo elevado de presentar importantes complicaciones obstétricas, como la insuficiencia placentaria, el retardo en el crecimiento intrauterino, el desprendimiento precoz de la placenta, los abortos espontáneos, la muerte intra útero y el parto prematuro y además la posibilidad de alumbrar hijos gravemente enfermos. El cuadro más frecuente es el Síndrome Alcohólico Fetal caracterizado por presentar daños irreversibles en su sistema nervioso central, microcefalia, defectos cardiacos, anomalías faciales, del tronco y de las extremidades y grados variables de retraso mental (Barcia et al, 1990). .

Otro hecho vinculado con la mujer alcohólica radica en el contexto de la familia, para todos es conocido cuan necesaria es para el niño la participación materna, en particular para perfeccionar su identidad y personalidad, sin embargo estos hogares, por lo general, están carentes de estímulos, con descuidos para garantizar las necesidades de alimentación, ropa, atención escolar etc... Las discusiones que se producen frecuentemente entre los padres en presencia de los hijos, constituyen un factor psicopatológico importante en el desarrollo del menor, tanto a nivel cognitivo como afectivo, en el proceso de socialización y de otras funciones relacionadas con el aprendizaje (Stanton et al, 2002).

Existen situaciones violentas que llevan frecuentemente al maltrato físico; el temor y el rechazo constituyen las actitudes más frecuentemente desarrolladas hacia la madre alcohólica.

Los hijos adolescentes se apresuran a convertirse en adultos: asumen tempranamente el rol de la madre, con el cuidado de los más pequeños o presentan posturas similares como patrones de aprendizaje (Conde et al, 1990).

Por todo lo anterior, se puede observar que el estudio del alcoholismo femenino interesa por varias razones, ya sea por la evidencia de su incremento en estas últimas décadas, por la mayor vulnerabilidad biológica, psicológica y social que presenta en la mujer y por la magnitud de los problemas que giran a su alrededor, siendo que la teoría junguiana puede aportar una visión más completa de este fenómeno, lo que se pretende en las conclusiones de este artículo.

Conclusiones.

Es indudable que la visión dominante del alcoholismo femenino se ha centrado en el estudio de las variables externas que conllevan a esta conducta (por ejemplo el estrés por conflictos maritales) o en algunos factores intrapsíquicos (por ejemplo la baja autoestima) pero son pocas las investigaciones de este fenómeno en base a la teoría junguiana.

Sea como fuere, a partir del marco teórico expuesto en este artículo se puede afirmar que el alcoholismo femenino, también, puede ser visualizado como una actuación de la sombra de la mujer.

Dicha afirmación se realiza en base a que en tal conducta la mujer proyecta al exterior comportamientos de una persona primitiva inferior, que no quiere reconocer como propia. Por ello, en el estado alcohólico su comportamiento dista de ser funcional o adaptativo.

Generalmente, en tal estado se pueden proyectar aspectos de su animus, siendo frecuente que la mujer se "rebele" por su condición femenina, que hasta este momento ha consolidado su ego, pero que no representa la totalidad de su ser y así alcoholizada adopte conductas más impulsivas, "asertivas" o realice cosas que en estado "consciente" no haría. Sin embargo, por la falta de consciencia, esos patrones comportamentales se vuelven un "ruido psicológico" que evitan que la mujer entre en contacto con esos aspectos no integrados y, por lo tanto, se le dificulta aprender de tal situación, volviéndose un círculo vicioso.

Ese círculo implica una lucha entre opuestos, entre el deseo de dejar de tomar y caer en la bebida, lo que refleja una lucha entre seguir manteniendo el ego o dejar aflorar las partes no reconocidas como propias.

Por lo anterior, la conducta alcohólica se ve inmersa por los elementos del inconsciente individual, simplemente es un reflejo de los complejos y conflictos de la historia personal de cada mujer. Pero a la vez, en ese sentido, se puede afirmar que la conducta alcohólica es una actuación de la parte negativa de su sombra que obstaculiza su individuación.

Así mismo, es importante, no hay que olvidar que la sombra incluye comportamientos arquetípicos y que en un momento de nuestra historia el vino y el alcohol era un medio parta entrar en estados superiores de consciencia y un vehículo con diversas divinidades.

Por ello, a pesar del sufrimiento que experimente la mujer por su alcoholismo, queda la posibilidad de transformar ese dolor en un vehículo de crecimiento, en donde la mujer pudiera encontrar su verdadera integración y su plena identidad y todo dependerá de la actitud con que viva su alcoholismo: como una enfermedad o como una vía de conocimiento.

El camino no es fácil pero la posibilidad existe y esta ahí.

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