Aportaciones Académicas

MOTIVACIÓN SOCIAL

NAIANA DA NOVA STRINGHINI

En la vida cotidiana, las personas suelen comportarse de una determinada manera como consecuencia de múltiples razones. Algunos de estos motivos presentan un carácter básico y elemental; otro por el contrario resultan más complejos, interconectándose entre sí. A veces las razones que movilizan el comportamiento humano son las consecuencias ambientales, otras veces la persona simplemente actúa movida por el interés o placer que conlleva llevar a cabo una conducta determinada. Se suele definir la motivación extrínseca, como aquellos procesos activadores del comportamiento por razón de las consecuencias ambientales derivadas de la realización de determinadas conductas. La motivación intrínseca, es la conducta que se lleva a cabo para satisfacer necesidades personales, por el interés y placer de realizarla. En la mayoría de los casos la motivación humana obedece a ambos motivos.

En el análisis psicológico de las necesidades humanas, se ha establecido la distinción entre motivos primarios o fisiológicos y motivos secundarios o aprendidos, a estos últimos también se les conoce como motivos sociales. Las necesidades sociales son necesidades aprendidas, que se desarrollan y se expresan en el contacto con otros, es decir, se encuentran determinadas por el medio y la cultura. La persona concebida como organismo y la persona concebida como ser social confluyen en el análisis de la motivación social.

La motivación social es definida por diferentes autores:

  • Festinger = pone de relieve que la motivación social es aquella que lleva a la conducta social, entendiendo por conducta social la que implica interacción con otras personas. Reconoce que existen algunos motivos que por su propia naturaleza llevan siempre a una acción social, como por ejemplo el motivo de afiliación o de comparación social. La aportación básica de él es que establece la distinción entre motivos sociales y no sociales.
  • Murphy = La motivación social no es lo que determina el tipo de acción que emprendemos sino más bien lo que hay dentro de nosotros que nos lleva a la acción social.
  • McClelland = sirve para vigorizar, dirigir y seleccionar las respuestas. Recoge los dos puntos anteriores señalados por Murphy y añade uno más: la motivación puede dar cuenta del aprendizaje, al ir eliminando poco a poco las respuestas que no conducen hacia la meta con rapidez y eficacia.
  • McClintock = Da un paso más al considerar que el concepto de acción social planteado por los autores anteriores pasa por alto una de las características fundamentales de tal acción social, como es la que ésta no incluye solo las metas individuales de una persona, sino también las metas de los demás actores participantes en la acción, en la medida en que todos los actores son interdependientes entre sí.

La motivación social se dedica a estudiar los factores externos o de situación que se cree ejercen efectos motivacionales sobre los seres humanos. En el estudio de la motivación social se acentúan los factores externos y de situación, aún que, como afirma Cofer (1978), la atención se centra también en las características internas y permanentes del individuo como, al menos, una variable muy importante en su conducta de logro, de afiliación y relacionada con el poder. En estos estudios, los factores de situación son implícita, aunque no explícitamente, sociales por naturaleza.

Desde hace mucho, hay un considerable interés por la motivación adquirida, que gira principalmente alrededor del tópico de los incentivos. Los incentivos se refieren a objetos, como recompensas, o a situaciones y condiciones como conocimiento de los resultados, competencia y cooperación, que se usan con el propósito de alertar la motivación a la ejecución. Como factores sociales que influyen en la motivación humana están el público, los compañeros, la rivalidad, la cooperación y la competencia. Se realizaron estudios iniciales de factores sociales en relación con la conducta en el contexto de una controversia sobre el concepto de mente de grupo. Esta controversia giraba sobre si, en un grupo, existe o no un factor o proceso que trascienda a los individuos particulares involucrados. Una alternativa a la mente de grupo era afirmar que las propiedades del grupo no contienen nada que no esté presente ya en los miembros individuales de dicho grupo. Las investigaciones que más influyeron fueron las de Allport. Este autor encontró pruebas de facilitación social porque algunos sujetos mostraban un incremento cuantitativo de respuestas en condiciones sociales. Según Allport, sus hallazgos no exigían un concepto de mente de grupo, pero recurría a nociones de lo individual para explicar sus hallazgos.

Existen muchos fenómenos en el campo general de la psicología social que tienen rasgos motivacionales. Ciertas teorías sobre la motivación han surgido en el contexto de investigaciones de procesos sociales. Propiedades de grupo como lo atractivo, la cohesión, los patrones de comunicación, el liderazgo y el papel de los otros y los efectos de los estándares de grupo se presentan sin duda, en parte, según patrones motivacionales de individuos, con los que interactúan y modulan sus efectos. Cuando se es miembro de un grupo, existen varias razones para tender a cambiar la forma de actuar, pensar, creer o sentir en dirección a las normas del grupo. Las presiones de otros recaen sobre el individuo, y la frecuencia de interacción es un factor. Como miembro del grupo se debe perder parte de la individualidad. En este campo se estudiaron, como un tipo de influencia social, la sugerencia de prestigio: del grupo y la mayoría o la opinión de expertos. En suma, se mostró que varias reacciones, opiniones y juicios de sujetos, eran susceptibles de cambio en dirección del grupo, de la mayoría o de la opinión de un experto.

Horwitz afirma que los ambientes sociales generan por lo menos algunos motivos, y reporta varios experimentos que muestran cómo es que la situación social puede crear motivos. Él cree que estos motivos son paralelos, en el caso social o psicológico, a motivos o impulsos fisiológicos como el hambre y la sed. Como ejemplo central, se tiene los estudios sobre agresión u hostilidad. El argumento está basado en la suposición de que, dada una situación social, los individuos tienen peso o poder en las decisiones de un grupo, y éstas afectarán el grado de satisfacción de necesidad que pueden obtener en el contexto social. Horwitz asocia la expresión de agresión con la pérdida de poder.

McDougall desarrolló la teoría instintiva, que postula que los instintos no sólo impulsan la actividad humana sino que también fijan las metas hacia las que la actividad se dirige, resuelve la dicotomía entre lo biológico y lo social. Por lo tanto, para McDougall existía un núcleo motivacional común a toda humanidad. Seguramente esta teoría fue muy criticada y sustituida por otros enfoques, los cuales no niegan el componente biológico impulsivo de la motivación humana, sino que tienden a considerarlo como una causa necesaria, aunque no suficiente.

La corriente conductista se basa en la teoría del aprendizaje asociativo. Uno de sus postulados básicos era que no sólo los motivos influían en el aprendizaje, sino que los motivos también podían aprenderse. En la misma línea Tolman defendió el aprendizaje de lo que denominaba técnicas sociales, tales como la agresión, la aprobación social, etc., dentro del paradigma del condicionamiento instrumental. El modelo Hull, una de las mayores aportaciones, explica el comportamiento social a partir de dos conceptos motivacionales activadores: el impulso (drive) y el incentivo; y uno de aprendizaje asociativo: el hábito que marcará la dirección de la conducta.

El pensamiento de Freud acerca de los orígenes motivacionales de la civilización, o sea, el ¿Por qué han de crear los hombres un tipo cualquiera de civilización?¨, es, al menos una parte de la respuesta, el apremio sexual biológicamente determinado de que el hijo duerma con la madre y destruya a su archirival, el padre, el llamado complejo de Edipo. Los hijos reprimen su deseo sexual por la madre y buscan una satisfacción sustitutiva a sus frustrados impulsos sexuales en el trabajo y en la creación de una estructura social a través de la cual sus apremios pueden ser satisfechos más tarde y menos directamente. El hijo aprende que para satisfacer sus deseos es decir el sexo, sin destruirse a sí mismo y sin destruir a la familia , debe desarrollarse, aceptar las normas en las que insisten sus padres, ir a la escuela, aprender un oficio y observar las reglas del cortejo y el matrimonio. Según Freud millones de jóvenes lograron crear el complejo edípico que denominamos sociedad, interpretando este primitivo drama motivacional. Conforme a esta línea de pensamiento las instituciones sociales más elaboradas son interpretadas como creación de simples apremios motivacionales y de los conflictos entre éstos.

Otros teóricos han llamado la atención sobre otros tipos de motivación para actividades civilizadas que proceden del despliegue de instintos sexuales y agresivos en el núcleo de la familia.

La corriente humanista tiene una visión holista que hace del individuo un sistema motivacional unificado. Para los humanistas, el motivo nuclear, es decir el motivo de todos los motivos, el que organiza y unifica a los demás, es "el ser quien uno es verdaderamente", son los esfuerzos del self o tendencia a autorrealización (formando un sistema motivacional supraordenado). Este motivo abarca todos los esfuerzos del organismo hacia el crecimiento y el desarrollo.

Hyland (1989), en su estudio sobre la motivación social se centra en la conducta voluntaria, propositiva y dirigida a conseguir determinadas metas sociales; desde esta perspectiva, distingue tres principales tradiciones motivacionales en la literatura psicológica. La primera se basa en el estudio de las diferencias individuales respecto a la conducta propositiva, y dice que la conducta propositiva se explica a partir de un número limitado de motivos básicos comunes a toda la humanidad, explicándose las diferencias individuales a partir de las diferentes fuerzas que estos motivos alcanzan en cada persona. Esas teorías conciben la conducta como resultado de la interacción entre las condiciones del medio ambiente y un componente de personalidad que refleja la activación individual ante determinadas condiciones ambientales (basadas en Murray, McClelland y Atkinson).

La segunda tradición está representada por Lewin, él parte de la idea de que las personas pueden plantearse un número potencialmente ilimitado de metas diferentes, cuyo seguimiento implica secuencias específicas para su consecución. De acuerdo con esta tradición, la gente desarrolla metas específicas basadas en criterios de referencia diferenciados; de esta forma, las individualidades comportamentales dependen directamente de la naturaleza particular de tales metas.

La tercera tradición en el estudio de la motivación social se focaliza en las cogniciones. De acuerdo con Weiner, las personas difieren en las atribuciones que establecen sobre las posibles causas de un evento. Es esta atribución de logros y/o de fracasos a diversos factores explicativos la que va a repercutir sobre el establecimiento y selección de metas futuras. Se centra en la organización jerarquizada del conocimiento y en la interpretación mental.

Estas tres tradiciones motivacionales basan sus diferencias en el papel asignado a los diferentes procesos que intervienen en la conducta propositiva, en otras palabras se basan en tres preguntas centrales:

  • Cuánto se quiere algo?, cuya respuesta hace referencia a la mayor o menor intensidad en la búsqueda de metas sociales.
  • Qué es lo que se quiere?, es decir, el criterio de regencia son las metas específicas.
  • Cómo se va a conseguir?, en donde los procesos cognitivos intervienen como mediadores en la organización jerarquizada de metas.

Hyland (1989) considera que las diferentes teorías de la motivación resultan complementarias más que alternativas, proponiendo un armazón teórico compón, de carácter holístico, en el que pueden integrarse todas ellas.

Reeve (1994), describe las investigaciones y teoría sobre los tres principales motivos sociales: el logro, la afiliación y el poder. Cita algunos ejemplos de estos: las fantasías de ganar una carrera de caballos, ser mejor estudiante y descubrir una cura para el cáncer son todos pensamientos relacionados con el logro; los pensamientos de soledad y separación, de reconciliarse en una relación, de estar con los buenos amigos y de hacer nuevas amistades son pensamientos relacionados con la afiliación; los impulsos agresivos y las preocupaciones de status y reputación son pensamientos relacionados con el poder.

Henry Murray fue un gran estudioso cuanto a la motivación del ser humano, siendo su mayor contribución el concepto de necesidad. Murray decía que las necesidades tenían base fisiológica y estaban relacionadas con fuerzas químicas en el cerebro. Las necesidades podían surgir tanto de los procesos internos como de los acontecimientos externos pero todas las necesidades creaban un estado de tensión en la persona, que si eran satisfechas producían una reducción de la tensión. Él afirmaba que algunas (pero no todas) conductas estaban gobernadas por un conjunto nuclear de necesidades humanas universales. Creó una lista de las 20 necesidades humanas más importantes (o básicas), entre ellas está la necesidad de logro: superar obstáculos y llegar a un estándar alto, superar a los demás, esforzarse y alcanzar el dominio; la necesidad de afiliación: formar amistades y asociaciones, saludar, juntarse y vivir con otros, cooperar y conversar de forma sociable con otros; la necesidad de dominancia (o poder): influenciar o controlar a otros, persuadir , prohibir, dictar, ordenar, restringir, organizar la conducta de un grupo.

Para medir los motivos humanos Murray decidió usar todas las técnicas posibles. Hizo uso de cuestionarios, entrevistas, asociación libre, diarios, observaciones, etc., sin embargo, la mayor aportación de Murray fue la creación del Test de Apercepción Temática (TAT) para medir las necesidades humanas. En este test se presentan una serie de láminas con dibujos a la persona que está haciendo el test para que se invente una historia en relación con lo que aparece en la lámina. La palabra temática se refiere al tema que se expresa en la historia que se inventa para cada lámina. Por ejemplo, la historia de trabajar durante la carrera de medicina, convertirse en médico y descubrir la cura para una enfermedad incurable es un tema de logro.

La palabra apercepción se refiere a la tendencia humana a percibir más allá del objeto de estímulo. Cuando una persona apercibe, proyecta sus interpretaciones personales sobre el objeto que está percibiendo. El concepto de apercepción es esencialmente el mismo que mirar una nube y ver en su forma ambigua una seta. Al hacer el TAT, la persona observa una serie de entre 5 y 21 dibujos uno por uno. Por lo tanto, al hacer el TAT, la persona escribe relatos cortos sobre muchos dibujos distintos (estímulos) que deberían provocar distintos motivos e incentivos a la acción.

Una década más tarde McClelland, Atkinson y otros colegas adaptaron la técnica del TAT a un método de puntuación de tres necesidades específicas: la necesidad de logro, la necesidad de afiliación y la necesidad de poder (llamada por Murray dominancia).

Aunque el método más usado para la medición de los motivos humanos ha sido el TAT, muchos autores apuntan a la baja fiabilidad y la baja validez de este. Con los años se han desarrollado muchas otras medidas para estas motivaciones, inclusive se han desarrollado modelos computadorizados del TAT para mejorar la fiabilidad de las puntuaciones de los motivos sociales, el cuál discrimina entre personas con necesidad de logro alto y las personas con baja necesidad de logro. Otros medidas son, por ejemplo, el Test de Motivación Prestático (PMT) de Hermans (1970), y las escalas PRF de Jackson (1974). El PMT está basado en la teoría de motivación de logro de Atkinson y contiene preguntas acerca de los niveles de aspiración, de toma de riesgos, los esfuerzos por alcanzar mayores niveles de vida y la persistencia. El Personal Research Form (PRF) se basa más en el valor del logro que no en la necesidad de logro e incluye preguntas relacionadas con la importancia que tienen los esfuerzos de logro para la persona en relación con otros proyectos vitales. Heilmreich y Spence desarrollaron otro cuestionario de motivación de logro, tomando en cuenta 4 componentes de la motivación de logro: orientación laboral (deseo de hacer lo mejor que uno puede en todo lo que haga), dominio (la persistencia a la hora de completar tareas), competitividad (el disfrutar del reto de la competición) y despreocupación personal (orientación autónoma respecto a lo que piensan los demás de los esfuerzos de logro propios).

LOS PRINCIPALES MOTIVOS SOCIALES

EL MOTIVO DE LOGRO

El logro es considerado uno de los campos más estudiados en la motivación humana.

Murray incluyó el logro en su lista de 20 necesidades humanas básicas, y dice que la necesidad de logro activa el deseo personal de realizar algo difícil, esforzarse, dominar, manipular y organizar objetos físicos, seres humanos o ideas, superar obstáculos, alcanzar un nivel alto en las actividades en que se involucra, superarse a sí mismo, rivalizar con los demás y sobrepasarle e incrementar la autoconsideración. Estas necesidades, según Murray, van acompañadas de acciones tales como hacer esfuerzos intensos, prolongados y repetidos, trabajar con propósito firme por una meta elevada y distante, tener la determinación de ganar, tratar de hacerlo todo bien, estar estimulado a superarse por la presencia de otros, disfrutar de la competición, ejercer el poder de la voluntad y superar el aburrimiento y la fatiga.

La dinámica de la personalidad se concibe como una interacción de fuerzas o necesidades que llevan a actuar para alcanzar un determinado objetivo. Cuando este objetivo no se alcanza, las necesidades que lo han causado pueden manifestarse por medio de las fantasías. De ahí el que el Test de Apercepción Temática (TAT) lo considerase Murray el instrumento más adecuado, ya que los motivos sociales son en gran parte inconscientes y supuestamente esta prueba revela los "componentes encubiertos e inconscientes".

Reeve (1994) afirma que el motivo de logro es el impulso de superación en relación a un criterio de excelencia establecido. McClelland y Atkinson definen la necesidad de logro como ¨el éxito en la competición con un criterio de excelencia¨, el interés por conseguir un estándar de excelencia, la tendencia a buscar el éxito en las tareas que implican la evaluación del desempeño. La persona con un fuerte motivo de logro desea triunfar en una tarea que supone un desafío. Esa definición es muy amplia si se tiene en cuenta que los criterios de excelencia pueden estar relacionados con una tarea (realizar una tarea con éxito), con uno mismo (por ejemplo, rendir mejor que se ha rendido nunca) o relacionado con los otros (por ejemplo, rendir mejor que los demás). Atkinson afirma entretanto que las situaciones de logro se parecen entre sí en la medida en que la persona sabe que su rendimiento llevará a una evaluación favorable o desfavorable, lo que produce una reacción emocional de orgullo ante el éxito y de vergüenza ante el fracaso.

McClelland afirma que la activación de un motivo de logro prepara a la persona para que realice ciertas conductas: realice tareas moderadamente desafiantes; persista en estas tareas; persiga el éxito laboral y la actividad empresarial innovadora e independiente.

Se realizaron una serie de experimentos e investigaciones que llegaron a lo siguiente:

  • Rendimiento óptimo en tareas moderadamente desafiantes: Las personas con alta motivación de logro rinden mejor que las personas con baja motivación de logro en tareas que se les comunica que son de dificultad intermedia, pero no rinden mejor que las personas con baja motivación de logro en tareas descritas como fáciles o difíciles. Estas personas con alta motivación de logro buscan las situaciones moderadamente desafiantes porque son las que mejor ponen a prueba sus capacidades y habilidades. El éxito conseguido gracias a las capacidades propias le confiere a estas personas la sensación de un trabajo bien hecho, lo que para este tipo de personas tiene especial significado. También se llegó a la conclusión de que las personas con alta motivación de logro rinden mejor cuando la tarea tiene algún tipo de significado personal (o incentivo).
  • Persistencia: Las personas con alta motivación de logro también persisten por más tiempo en tareas de dificultad moderada, y persisten menos en tareas fáciles y difíciles. También se encontró que las personas con baja necesidad de logro suelen buscar el apoyo y la ayuda de los demás mientras realizan tareas difíciles mientras que las personas con necesidad de logro alta persisten en sus propios esfuerzos.
  • Actividad empresarial independiente: Se encontró una fuerte correlación entre las personas con alta motivación de logro y el patrón de conducta que caracteriza la actividad empresarial independiente. La persona con alta motivación de logro y el empresario independiente tienen muchas conductas en común: ambos prefieren tomar riesgos moderados, un feedback de rendimiento rápido y específico y muestran un alto grado de iniciativa y de conductas de exploración.

Para Atkinson, el motivo de logro predice la conducta solo en parte. Para predecir la conducta de logro, según el modelo de Atkinson, este motivo se une a dos influencias situacionales, que son: la probabilidad de éxito de la tarea y el valor de incentivo del éxito de la tarea, considerado como "el orgullo por su consecución". Este modelo cuenta con 4 variables: la conducta de logro, la motivación de logro, la probabilidad de éxito y el incentivo de éxito. La conducta de logro se conceptualizaba cono la tendencia de aproximación al éxito (Te). Los tres factores que determinan Te son: 1) la fuerza del motivo de logro de la persona (Me) que corresponde a la puntuación de la persona en el TAT; 2) la probabilidad de éxito (Pe) y 3) el valor de incentivo del éxito en una actividad particular (Ie). De esto, se obtiene la siguiente fórmula: Te= Me x Pe x Ie .

Atkinson dice que los individuos muy orientados al logro están motivados por las tareas de dificultad intermedia. También menciona que las conductas de logro se guían no solo por la tendencia de aproximación al éxito, sino por la tendencia de evitar el fracaso (Mef, mdedido por el cuestionario de ansiedad frente a las pruebas TAQ), ya que esto moviliza a la persona a defenderse de la pérdida de autoestima y de respeto social, así como, del castigo social y de la vergüenza.

Atkinson conceptualizó el motivo de logro de la persona como una fuerza que se encontraba dentro de la persona y que le hacía preferir buscar activamente las situaciones de logro, y el motivo de evitar el fracaso como una fuerza también dentro de la persona que le impulsaba a alejarse de las situaciones de logro (o bien estar ansioso e incómodo).

El modelo sobre la dinámica de la acción de Atkinson y Birch postula que la conducta de logro se da dentro de una "corriente de conducta", quedando determinada en parte por tres fuerzas: la instigación, que provoca un aumento de las conductas de aproximación y se da cuando coincide con los estímulos ambientales asociados con el premio en el pasado; la inhibición, que provoca un aumento de las tendencias de evitación y se da cuando coincide con los estímulos que en el pasado se asociaban con el castigo; la consumación, que hace referencia al hecho de que realizar una actividad provoca su detención.

Una vez que se inicia la tarea, la conducta persistirá hasta que alguna fuerza psicológica actúe para aumentar o reducir la fuerza. Una de las fuerzas psicológicas que podría aumentar la tendencia de logro, podría ser un incentivo de logro extrínseco, por ejemplo un premio, mientras que una fuerza psicológica que podría reducir esta tendencia podría ser la fuerza consumatoria mencionada anteriormente.

Raynor ha incorporado el impacto de las metas a largo plazo sobre la acción inmediata dentro de la estructura del modelo de Atkinson. La orientación de logro futuro de una persona se refiere a la distancia psicológica que existe entre la persona y una meta de logro a largo plazo como, por ejemplo, ganar una competición en las olimpíadas. Por lo tanto, la posibilidad futura de acudir y de ganar una competición olímpica inciden en la motivación de la atleta de ganar la carrera hoy.

La distancia psicológica es una función negativa de la probabilidad de alcanzar una meta futura. Esta distancia psicológica percibida está determinada por dos factores: el tiempo que existe entre el presente y el momento en que se alcanza esa meta a largo plazo, en donde a medida que la distancia de la meta en términos de tiempo se reduce, aumenta el motivo de logro; y las características de la personalidad, es decir, hay algunas personas que valoran bastante el futuro mientras que otras personas valoran más el presente, por lo que algunas personas encuentran más incentivos en el futuro, mientras que otras están más incentivadas por lo inmediato. En general la persona que valora el futuro tiene más capacidad de anticipar e ilusionarse por él. Por este motivo la conducta de logro no solo está en función de la motivación de éxito, probabilidad de éxito, el valor del incentivo, motivo de evitar el fracaso, la probabilidad del fracaso y el valor del incentivo negativo de fracaso, sino también de si el logro conducirá o no a una meta futura. Desde esta perspectiva, la conducta de logro representa una serie de pasos que hay que tomar hasta llegar a algunas consecuencias futuras deseables.

Para Weiner la necesidad de logro no solo proporciona el fundamento de una teoría de la motivación, sino que es un objetivo de los programas de cambio de conducta (psicoterapia), aclara el desarrollo cognitivo y la relación entre el pensamiento y la acción, entra en la discusión sobre la liberación de la mujer, así como en las injusticias de clases sociales y raciales y tiene una gran importancia en las obras de los educadores.

Weiner reinterpretó la teoría de Atkinson haciendo una ampliación importante en la medida en que centra en el análisis de las causas percibidas del éxito y del fracaso. Estos estudios han aportado pruebas que sugieren que los individuos con diferentes niveles de necesidad de logro tienen diferentes predisposiciones o explicaciones causales de sus éxitos y sus fracasos. Las personas altamente motivadas al logro adscriben su éxito a ellos mismos (capacidad y esfuerzo), en mayor grado que los sujetos con baja motivación de logro, ocurriendo además que ante un fracaso, las personas de alta motivación de logro lo adjudican a falta de esfuerzo, mientras que los sujeto con baja motivación de logro lo perciben mayoritariamente como falta de capacidad. Como consecuencia las personas motivadas para lograr éxito tienen un concepto relativamente alto de su capacidad, mostrándose más segura con respecto a ella.

EL MOTIVO DE AFILIACION

Atkinson, Heyns y Veroff (1954) en un principio definían el motivo de afiliación como el "establecimiento, mantenimiento o recuperación de una relación afectiva con otra persona o personas". Radloff también lo define como "la asociación de una persona con sus semejantes". Murray lo definió como ¨formar amistades y asociaciones, saludar, juntarse, vivir con otros, cooperar y conversar de forma sociable con otros¨. De acuerdo con estas definiciones, el motivo de afiliación no debe confundirse, con la extroversión, ni con la simpatía, popularidad o sociabilidad. De hecho, los primeros estudios llevados a cabo encontraron que las personas con alta motivación de afiliación, podrían ser hasta menos populares que las personas que se esforzaban poco por afiliarse. Más bien, encontraran que el motivo de afiliación se asociaba al miedo al rechazo interpersonal. Las personas con alto motivo de afiliación necesitan interactuar con otras personas y temen la desaprobación de los demás, buscan seguridad en la gente y se preocupan de saber la opinión que se tiene de ellos, por lo que todo este conjunto de características hace de ellos que tengan un patrón de conducta que suele hacerles poco populares. De acuerdo con Atkinson, el motivo de afiliación se conceptualiza como la necesidad de ser aceptado socialmente y de tener seguridad en las relaciones interpersonales.

Sin embargo, otros autores, como por ejemplo Boyatzis, consideran que esta conceptualización exagera "la ansiedad ante el rechazo" y no valora suficientemente el aspecto más positivo del motivo de afiliación que es el "interés de afiliación". En esta línea diversos autores han propuesto una idea más positiva del motivo de afiliación a través del estudio de "las relaciones de intimidad", que viene a significar el motivo social de estar en relaciones interpersonales cálidas e íntimas, que implican poco miedo al rechazo. El motivo de intimidad refleja la preocupación por la calidad de las relaciones sociales, que para estos autores no es tanto la necesidad de estar con los demás, como la voluntad de "vivir un intercambio cálido, íntimo y comunicativo con otra persona". Sin embargo, Boyatzis encontró que esta conceptualización del motivo de afiliación exageraba el aspecto de ansiedad ante el rechazo y no valoraba suficientemente el aspecto más positivo, es decir, el interés de afiliación. McAdams se centró en este aspecto más positivo del motivo de afiliación a través del estudio del motivo de intimidad- el motivo social de estar en relaciones interpersonales cálidas e íntimas que implican poco miedo al rechazo. El motivo de intimidad refleja la preocupación por la calidad de las relaciones sociales.

Una persona con alta motivación de intimidad piensa en las personas y en las relaciones con frecuencia, escribe narrativas TAT sobre la vivencia que tiene del aspecto positivo en las relaciones, revela información sobre sí misma, escucha intensamente y tiene conversaciones frecuentes, describe el amor y el diálogo como experiencias vitales especialmente significativas, es vista por los demás como cálida, sincera y no dominante y tiende a recordar episodios de interacción personal.

Emerge entonces, a partir de estos estudios e investigaciones, una conceptualización del motivo de afiliación que incluye tanto los aspectos positivos (la necesidad de estar en relaciones cálidas, íntimas y positivas) como los aspectos negativos (la necesidad ansiosa de establecer, mantener y recuperar las relaciones interpersonales).

Muchos estudios e investigaciones llegaron a las siguientes conclusiones en relación a ciertos aspectos del motivo de afiliación abajo mencionados:

  • El desarrollo de las relaciones interpersonales: Estudios indican que las personas con alta motivación de afiliación, en comparación con las de motivación de afiliación baja, suelen unirse a más grupos sociales, están más tiempo interactuando con los demás, cuando inician relaciones suelen terminar estableciendo amistades más estables y duraderas y llegan a saber más de la historia personal de sus mejores amigos. También se encuentran diferencias en cuanto al nivel de satisfacción con las relaciones personales a medida que se forman amistades nuevas, y se pasa de conocidos a amigos, ya que se encontró que los estudiantes altos en motivación de afiliación informan estar más satisfechos con el progreso de sus relaciones durante el trimestre, viviendo como una fuente de satisfacción el estrechamiento de amistades, en comparación con las personas con baja motivación de afiliación, quienes informan de estar cada vez menos satisfechas, al vivir el estrechamiento de las amistades como agobiante.
  • El mantenimiento de las redes interpersonales: En lo que parece ser una estrategia por mantener las amistades, las personas con alta motivación de afiliación, en comparación a aquellas con bajo motivo de afiliación, hacen más llamadas, escriben más cartas, visitan más a sus amistades, pasan más tiempo hablando por teléfono y conversando cara a cara. En un estudio llevado a cabo los resultados confirmaron que las personas con alta motivación de afiliación informan tener más encuentros amistosos diádicos, hablar más de sí mismos, escuchar más y haber mostrado más confianza y preocupación por sus amigos, en comparación con las personas con baja motivación de afiliación. Estos resultados confirman que las personas con alta motivación de afiliación tienen un patrón de relaciones cálidas y personales (íntimas). Incluso cuando piensan y hablan de personas que no consideran amigas, hacen uso de más adjetivos descriptivos positivos y evitan activamente hablar en términos negativos, también tienen puntuaciones más altas en los valores de "paz mundial" y " amistad verdadera", como expresión de su necesidad de estar en armonía a nivel interpersonal. Otras características que destacan entre las personas altas en motivación de afiliación es que tienden a evitar conflictos, no entran en discusiones y también evitan los juegos competitivos. Parece que a estas personas les preocupa bastante lo que se piensa de ellas, resultando significativamente más ansiosas cuando son evaluadas socialmente por coetáneos. También es propio de ellas reír, sonreír y tener más contacto visual, todo ello comparadas con las personas con baja motivación de afiliación, lo que hace que los demás lo evalúen como relativamente cálidas, sinceras y cariñosas.

Existen también ciertas condiciones que activan la conducta afiliativa, que son el miedo, la ansiedad y la vergüenza. El aislamiento social y las condiciones que activan el miedo son dos situaciones que aumentan el deseo de la persona de afiliarse con los demás. Bajo condiciones de aislamiento y temor, las personas informan estar agitadas y tensas, sentir que sufren y sienten dolor y que se van a "desmoronar". Para reducir o eliminar este miedo y ansiedad las personas adoptan la estrategia de buscar a los demás. Cuando sienten miedo, las personas desean afiliarse con los demás para recibir apoyo emocional y ver cómo los otros se enfrentan a las emociones provocadas por el objeto temido. Los experimento llevados a cabo (Shachter, 1959,1963) indican que existe una fuerte relación positiva entre ansiedad y el deseo de afiliarse. También demuestran que el deseo de afiliarse en casos de ansiedad es mayor cuando las personas comparten el mismo destino, en palabras de Shachter "la excitación emocional favorece la conducta afiliativa, sólo si las personas con las que alguien desea afiliarse están en un estado de excitación emocional de características similares". Las personas buscan a otras personas que están en la misma situación, ya que hablar con otros que comparten los mismos miedos hace que se sienta menos ansiedad. Además las otras personas pueden servir como modelo de tranquilidad a imitar. Como ejemplos están los grupos de autoayuda para alcohólicos, madres solteras, pacientes que sufren la misma enfermedad, etc. que demuestran la tendencia humana de buscar a otros parecidos en situaciones difíciles. Para Radloff, son los procesos de comparación social, descritos por Festinger, los que están en la base de las tendencias afiliativas.

Es importante señalar que no todos los estados emocionales aumentan las tendencias afiliativas, ya que tal como lo señalan Sarnoff y Zimbrado, existen algunas situaciones que provocan un estado emocional tal como la vergüenza, que hace que las personas prefieran estar solas. En estas situaciones no sólo no se activa la conducta afiliativa, sino que por el contrario ésta desciende.

EL MOTIVO DE PODER

El motivo de poder se define como el deseo de hacer que el mundo material y social se ajuste a la imagen o plan de uno (Winter y Stewart, 1978). Winter et al (1978) lo define textualmente como: "la necesidad de tener impacto, control o influencia sobre otra persona, grupo o el mundo en general". El impacto permite iniciar y establecer el poder, mientras que el control ayuda a mantener el poder y finalmente la influencia, permite extender o recuperar el poder. Esos aspectos del poder muchas veces giran alrededor de necesidades de dominancia, reputación, status y posición.

El motivo de poder está caracterizado por la actividad crónica del sistema nervioso simpático expresado mediante niveles altos de presión sanguínea y liberación sostenida de catecolaminas (por ejemplo, epinefrina y norepinefrina), lo que hace típico que las personas con alto motivo de poder discuten más, se enfadan más, tienden a participar en deportes competitivos y tienen más dificultades para dormir de noche. Es importante resaltar que la activación simpática si es recompensada produce sensaciones de bienestar, pero si es inhibida puede provocar enfermedad física.

Como conductas activadas por el motivo de poder están: el liderazgo, la agresividad y las carreras influyentes y las pertenencias prestigiosas.

Se ha demostrado que las personas con alta motivación de poder tienden a buscar el reconocimiento en grupos humanos y encontrar una manera de hacerse visibles a los demás en un esfuerzo por lograr poder o influencia. Los estudios llevados a cabo con estudiantes evidencian como los alumnos con alta motivación de poder tienen más tendencia a discutir con los profesores y hacer comentarios en clase, de alguna manera hacerse notar públicamente. Los resultados de los estudios que han comparado la calidad de funcionamiento de grupos liderados por personas con alta o baja motivación de poder, demuestran que los grupos con líderes con alta motivación de poder adoptan decisiones más pobres, ya que se da un menor intercambio de información, toman en consideración menos estrategias alternativas y obtienen peores decisiones. Estos resultados sugieren que la tendencia de las personas con alta motivación de poder de hacer que los demás se adhieran a sus planes, puede ser negativa para el funcionamiento del grupo. Las personas con alta motivación de poder son las que más hablan, más influyen en los otros participantes, y más animan a participar, sin embargo no son los más simpáticos y tampoco se los juzga como los que más contribuyen a hacer un buen trabajo y llegar a una buena conclusión.

Cuanto a la relación existente entre el motivo de poder y la agresividad, hay que tomar en cuenta que la sociedad inhibe y controla los actos abiertos de agresividad, por lo que las manifestaciones agresivas del motivo de poder suelen expresarse mediante impulsos agresivos. En este sentido McClelland dice que las personas con alta motivación de poder confiesan tener significativamente más impulsos violentos que las personas con bajo motivo de poder, lo que no indica, por ende, que actúen de esta forma, sino que sienten más deseos de hacerlo.

La persona con alta motivación de poder se esfuerza por ser asertiva y ejercer influencia, pero a menudo se encuentra restringida por factores sociales. Cuando se prescinde de las inhibiciones sociales impuestas estas personas participan en más conductas agresivas. El alcohol, por ejemplo, que es una manera socialmente aceptada de liberarse de las inhibiciones impuestas, contribuye a la tendencia agresiva de las personas con alta motivación de poder, haciendo que sientan un aumento subjetivo de sus sensaciones de poder. Hay una serie de conductas que pueden dar la ilusión de mayor control y poder, como por ejemplo la toma de riesgos, la gesticulación y las posturas no verbales, el lenguaje abusivo, el uso de drogas, la conducción con exceso de velocidad y el alcohol.

Las inhibiciones que la sociedad impone contra las conductas agresivas pueden verse también disminuidas por efecto del estrés y de los acontecimientos vitales negativos. En ese sentido Mason y Blankenship encontraron que los hombres con alta motivación de poder (las mujeres no), reaccionan ante los acontecimientos vitales negativos y estrés abusando de las personas más cercanas a ellos, especialmente en el caso de las parejas altamente fusionadas, es decir, los hombres altamente motivados por el poder suelen hacer uso de los abusos físicos para resolver dificultades en la relación.

El motivo de poder también ha sido relacionado con la búsqueda y ejercicio de puestos de responsabilidad en organizaciones voluntarias e instituciones. Winter llevo a cabo un estudio sobre los puestos de trabajo de personas de clase media y alta con mucha necesidad de poder, encontrando cierta correlación entre la alta motivación de poder y las siguientes profesiones: ejecutivo, profesor, psicólogo, periodista, clérigo y diplomático profesional. Para los autores, estas carreras tienen en común la posibilidad de dirigir la conducta de la gente de acuerdo con un plan preconcebido, además de que le otorgan a la persona las recompensas y castigos necesarios para influir en la conducta de los demás.

Winter afirma también que las personas con alta motivación de poder tienden a acumular símbolos de poder o pertenencias prestigiosas. Así, se encontró que estas personas, en comparación con las de bajo motivo de poder, tienen más probabilidad de tener una televisión en color, un arma de fuego o un coche descapotable (objetos que van cambiando según la "moda" de la sociedad) o bien tienen significativamente más tarjetas de crédito, ya que estas les permiten tener la capacidad de satisfacer cualquier capricho con el sólo acto de firmar con su nombre, igual que la realeza, los presidentes y las personas muy ricas. Otros estudios demuestran que el entorno puede activar la conducta de poder.

EL MOTIVO DE LA JUSTICIA

El estudio psicológico de esta motivación social, exclusivamente humana, se sustenta en el papel capital que "la búsqueda de justicia" o "la creencia de que vivimos en un mundo justo" desempeña en nuestras vidas, en cuanto móvil fundamental del comportamiento humano. El desarrollo del razonamiento moral siempre implica un proceso subjetivo, que actúa a lo largo del desarrollo evolutivo y en interacción con los diversos elementos que configuran la estructura social. En cuanto motivación social, interesa analizar los procesos psíquicos que parecen intervenir en la percepción de justicia y/o injusticia, de acuerdo con lo que creemos tener derecho a merecer.

El sentido de justicia/injusticia se muestra prioritario en el análisis de cualquier relación humana. A menudo, se manifiesta como una reacción inmediata y universal ante la percepción de algo que se vivencia tan real y objetivo como el mundo físico circundante. Diversos autores han fundamentado esta pretensión de universalidad del concepto de justicia en la necesidad de creer que vivimos en un mundo armónico y en la ilusión humana de control sobre los acontecimientos.

Sin embargo, la historia evidencia lo inexacto de esta pretensión. La delimitación de lo que es justo y lo que es injusto, varía ampliamente de persona a persona y de situación a situación. El punto de vista del que tiene hambre e implora la necesidad como criterio básico de asignación choca con quienes defienden la legitimidad de leyes que otorgan más al que más tiene. Paradojas como ésta revelan el carácter fascinante y único de tales consideraciones, poniendo de manifiesto la importancia que tiene la percepción de justicia en la organización social y en la vida de las personas. A lo largo del tiempo, el motivo de justicia se ha utilizado como argumento de peso, tanto a favor del cambio social como para justificar el mantenimiento del statu quo.

La reflexión psicológica sobre el tema motivacional de la justicia se ha centrado, a nivel teórico y empírico, en dos aspectos complementarios: 1) cómo surge y se desarrolla la percepción de justicia y cuáles son los procesos relevantes implicados en esta motivación social; 2) principales modos de reacción ante la percepción de injusticia.

Diferentes autores comparten tres características comunes en el desarrollo del motivo social de justicia:

  1. Subjetividad: la percepción de la justicia, como ocurre con la belleza, está en los ojos del observador. Los mismos acontecimientos pueden recibir interpretaciones y evaluaciones morales completamente distintas, siendo esta valoración subjetiva la que determina el sentido del automerecimiento.
  2. Proceso comparativo: la percepción de justicia es resultado de un proceso de comparación, en el que pueden intervenir distintos referentes de comparación. El más frecuentemente utilizado es la comparación social, que se basa en comparar lo que nos ocurre a nosotros con lo que le pasa a otras personas en circunstancias semejantes. Existen, además, otras pautas comparativas como son las autocomparaciones o los referentes normativos.
  3. Compromiso: en cuanto incluida en el proceso de comparación social, la percepción de la justicia conlleva una negociación que implica una armonía o equilibrio entre las partes y que las personas que enjuician valoren lo que está en juego en la negociación.

Reacciones psicológico-motivacionales ante la percepción de injusticia

Entre los complejos procesos involucrados en la percepción de justicia, la psicología se ha interesado no sólo por desvelar cuándo, cómo y por qué percibimos los humanos una situación como injusta, sino también cuáles son los principales mecanismos reactivos para salir de ella. Estas reacciones se pueden clasificar en función de diversos criterios, tales como los procesos mentales implicados (reacciones comportamentales, emocionales o cognitivas) o cuál es el objeto hacia el que se dirige la reacción (extrapunitivo o intrapunitivo).

Algunos analistas sociales coinciden en la idea que el nivel de injusticia percibido se corresponde con la magnitud de la discrepancia entre lo que se obtiene y lo que se cree tener derecho a merecer, aunque no se muestren tan coincidentes en priorizar los criterios normativos que delimitan la consideración de algo como justo o injusto. En la teoría de la equidad se plantea que las experiencias de inequidad actúan como un impulso cuyas propiedades motivacionales activan el comportamiento, encaminándolo para reducir la tensión y restablecer la equidad.

MOTIVACIÓN PARA LA CONDUCTA DE AYUDAR

Cuando hablamos de conducta prosocial nos referimos a comportamientos que benefician a otras personas y se realizan de forma voluntaria. Algunos autores distinguen entre el comportamiento altruista, como una conducta de ayuda que se realiza sin buscar un beneficio inmediato, o recompensas externas tangibles y la conducta prosocial, que se definiría simplemente por el hecho de ayudar a los demás, con independencia de la motivación que subyazca a dicho comportamiento. Asimismo se suelen distinguir entre definiciones conductuales y motivacionales de la conducta prosocial, asumiendo que en principio el altruismo se realizaría sin motivación aparente. Así toda la conducta altruista sería prosocial, pero no toda la conducta prosocial sería altruista.

Si tenemos en cuenta los avances que se han obtenido en la investigación experimental del comportamiento, así como las características que definen al proceso motivacional, actualmente ya no es necesario realizar la clasificación del comportamiento para distinguir tipos de conductas de ayuda en función de si una de ellas tiene motivación, o no, o de si el esfuerzo que se obtiene es tangible e inmediato o intangible. En primer lugar, y por definición, la motivación es un constructo hipotético subyacente al comportamiento que da cuenta de la dirección e intensidad del mismo. El análisis del proceso motivacional debe atender a estas dimensiones y a los factores que las determinan que, obviamente pueden ser diversos. La motivación existe en cualquier conducta. Otra cosa distinta es a qué factores haya que apelar para explicarla. Por otro lado el hecho que la conducta altruista no tenga como consecuencia un beneficio material inmediato no quiere decir que no este reforzada positiva o negativamente. El esfuerzo puede ser más o menos tangible, externo o interno. En cualquiera de los casos es una consecuencia del comportamiento que tiene como principal característica el que mantiene consistentemente la conducta.

Así pues, no encontramos necesario distinguir entre conducta altruista y prosocial, a menos que se trataran gobernados por principios diferentes.

¿De cuántas maneras se puede ayudar? Existen diferentes criterios:

-Grado de implicación: la persona que da la ayuda puede hacerlo de forma directa o indirecta. Es decir, implicarse materialmente en la acción, o buscar ayuda o recursos para que otra persona, o institución ejerza la acción.

-Demanda de ayuda: la conducta de ayuda puede realizarse por la petición de auxilio por parte de las personas que requieren ayuda, o bien llevarse a cabo sin que exista una demanda de la misma. Se han denominado, respectivamente como intervención respondiente o intervención no respondiente.

-Visibilidad del benefactor: puede haber interacción entre quien da y quien recibe la ayuda, o puede realizarse de forma anónima, o simplemente no llegar a interaccionar.

-Trascendencia de la ayuda: la ayuda puede establecerse en un gradiente de importancia, entre aquellas que son vitales para la supervivencia u otras de menor trascendencia.

-Urgencia de la ayuda: con independencia de la importancia de la ayuda, ésta puede ser más o menos urgente.

-Planificación de la ayuda: la conducta de ayuda puede darse de una forma institucionalizada, mediante participación en grupos o bien de forma espontánea.

A respeto de lo que caracteriza a la conducta de ayuda es su:

  • Funcionalidad: no hay duda que somos animales sociales. La vinculación al grupo nos facilita la supervivencia. La conducta prosocial resulta útil en la supervivencia, tanto de la persona a la que se dirige la ayuda, como la del grupo o familia a la que pertenece. Estaría a la base de los procesos de socialización, puesto que favorece a la aparición de vinculaciones afectivas que serán responsables de los nexos de unión de estructuras sociales más amplias.
  • Moral: es decir que conductas están bien y cuales están mal. Habitualmente se distinguen 2 teorías, las que asumen que se trata de un proceso de internalización de las normas sociales mediante procesos de socialización y aprendizaje y la posición constructivita, que concibe el desarrollo moral como la elaboración de juicios universales sobre todo lo bueno y lo malo a lo largo de un proceso evolutivo.
  • Pautas de comportamiento: el hecho de que la realización de una acción filantrópica no vaya seguida de una recompensa material inmediata, no quiere decir que no existan condiciones que la faciliten (antecedentes), o que dicho comportamiento no tenga efectos sobre el ambiente, o el propio individuo (consecuencias) que favorece que se mantengan esas acciones, que es en esencia lo que se estudia en el análisis conductual.

CONCLUSIÓN

La conclusión de este artículo de opinión, después de exponer todos estos aspectos de lo que es el ser humano y conciente de que faltaría un mirada de otros aspectos, es que aun que se intente comprender el ser humano con toda la ciencia disponible, si no empezamos por conocernos a nosotros mismos y nos aventuramos en el conocer a otro, esto seria no solo una falla de percepción, seria un fraude, una vez que es imposible la comprensión de la realidad humana mas que emprendiendo este viaje de regreso al "propio hogar", y para esto todas sus motivaciones asociadas a la sobrevivencia deben estar en su correcta proporción y lugar, cumpliendo con su función, dentro del diseño de la manutención de la existencia del cuerpo y del cerebro, pero todo esto solo para poder, después de estabilizada la supervivencia, emprender el camino que esta motivado desde la esencia misma, que seria el fin ultimo que daría sentido y valor para el haber nacido y sobrevivido en este planeta de auto descubrimiento.

BIBLIOGRAFÍA

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  • MnClelland, D. (1989). Estudio de la motivación humana. España: Narcea.
  • Reeve, J. (1994). Motivación y emoción. Madrid, España: McGrawHill.
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