Aportaciones Académicas

Una breve reflexión psicológica sobre:

MAGDALENA CARMEN FRIDA KAHLO CALDERÓN

(1907*-1954)

Laura Guevara

Maria del Carmen Olabuenaga

Febrero 2005

Con la finalidad de darle un inicio a esta reflexión, algunos datos biográficos de la vida de Frida Kahlo son presentados como sí se estuviera elaborando una historia clínica.

Formato de Reporte Psicológico.-

I.- Ficha de Identificación.-

Nombre: Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón.

Sexo: Femenino.

Edad: 47 años.

Fecha de nacimiento: Julio 6, 1907 (*) aunque ella indica haber nacido en 1910. Esto se explica más adelante.

Lugar de nacimiento: México, D. F

Religión: Ninguna.

Estado civil: Casada.

Escolaridad: Preparatoria.

Ocupación: Pintora.

Nivel socioeconómico: Medio bajo.

Número de hermanos: Cuatro.

Posición que ocupa: Tercera.

Tratamiento psiquiátrico anterior: Sí, por el Dr. Ramón Parrés. (No confirmado).

II.- Motivo de la consulta.-

La paciente informa que solicita la prueba exclusivamente por interés personal.

III.- Descripción física y actitud.-

La paciente es una señora cuya edad aparente es mayor que la cronológica. Es pequeñita, muy delgada, de aspecto triste. Su piel aunque blanca, denota cierta palidez. Tiene dos inmensos ojos negros y unos labios delgados que humedece frecuentemente con la lengua. Tiene, también, una pierna amputada. Está sentada en una silla de ruedas; sobre sus muslos lleva un sarape mexicano de vivos colores.

Se observa que la paciente es una persona cuidadosa en su arreglo personal, amable y segura de sí misma.

IV.- Historia y Situación Personal.-

Etapa Prenatal y Perinatal.-

La paciente reporta, según le cuenta su madre, ser producto de un embarazo y parto naturales de término. No tuvo problemas y fue a término. El bebé era hermoso y sano.

Infancia.-

Informa que cuando ella nació, una mañana de julio, (el 6) de 1907, sus abuelos paternos y su abuelo materno ya habían dejado de existir. "Yo nací con una revolución. Que lo sepan. Fue en ese fuego donde nací, llevada por el impulso de la revuelta hasta el momento de ver la luz. Soy de veras hija de una revolución, de eso no hay duda, y de un viejo dios del fuego al que adoraban mis antepasados, por eso cambié mi fecha de nacimiento al 7 de julio de 1910. Pero jamás cambié mi nombre, mi piel, mi vida, aunque sí, a veces hubiera cambiado mi piel, hasta por un elote. Era verano. Muy pronto, Emiliano Zapata, el Gran Insurrecto, iba a levantar el sur. Yo tuve esa suerte: 1910 es mi fecha."

Sigue comentando: "Soy la tercera hija después de Matildita y Adriana, mis hermanas mayores, y después sigue Cristina, mi hermana menor que adoro: no tuve mucho tiempo para disfrutar de ser la más pequeña, porque nació 11 meses después que yo, pero me confiaron a una nana india que olía a tortillas y a jabón, que no hablaba mucho, pero solía cantar canciones de su tierra, Yucatán. Ya es sabido que los niños criados sin mucho mimo se despabilan más pronto", nos dice.

Al preguntársele sobre sus padres, la paciente comenta: "Mi padre, Wilhelm Kahlo, nació en Baden-Baden, Alemania, en 1872, era hijo de Jakob Heinrich y de Henriette Kaufman Kahlo, judíos húngaros, los dos. Al llegar a México se cambió el nombre por el de Guillermo. Era un hombre muy interesante y se movía con gracia al caminar. Era tranquilo, trabajador, valiente…pronto encontró trabajo como cajero primero y luego como vendedor en una librería. Poco a poco iba adquiriendo las costumbres, la lengua, se iba integrando, con todo y los ataques epilépticos que padecía desde los 19 años".

"Después de siete años de vivir en México, conoce a mi madre, Matilde Calderón, en la joyería La Perla, donde ambos trabajaban. El estaba muy enamorado de ella y después se casaron. Mi padre ya se había casado una primera vez, en 1894, con una mexicana, pero quedó viudo: su joven esposa murió de parto al dar a luz a su segunda hija. Efectivamente, tengo dos hermanastras."

"Si mi padre llevaba un luto reciente, también mi madre llevaba el suyo: había tenido un novio alemán que se suicidó ante sus ojos, dejándole en su ser una marca quemante como un tatuaje. Es probable que su encuentro con "Guillermo Kahlo", también alemán, haya venido inconscientemente, si no a reemplazar, por lo menos a calmar el sentimiento de esa otra pérdida. Mi padre amaba sinceramente a mi madre. Ella tenía garbo, su gracia, sus ojos negros tan vivos y esa piel que la tierra y el cielo de México habían teñido para siempre. Por otro lado, era una mujer recta, firme, tenía una mezcla de sensualidad y rigor. Padecía ataques de histeria. Ella era católica, él ateo y romántico por momentos…se respetaban mutuamente. La boda fue en 1898."

"Mi padre cambió de oficio. Mi abuelo, Antonio Calderón, se puso a aprender la fotografía y se convirtió a su vez, en fotógrafo profesional. Mi padre aprendió de él la profesión y lo hacía muy bien, tan bien que el fotógrafo Kahlo se dedicó a sacarle fotos a México, casi exclusivamente a México, y para el centenario de nuestra Independencia, en 1904, el gobierno de Porfirio Díaz confió a mi padre la tarea de reunir una serie de documentos que se publicarían en diversas ediciones conmemorativas. Como ganó muy bien, mi padre compró un terreno donde hizo construir una casa, en las que hoy son las calles de Londres y Allende, aquí, en Coyoacán: la "casa azul", íntegramente pintada de ese color por fuera y por dentro, en la que ahora nos encontramos."

La paciente informa que a los 6 años de edad, ya cursando la primaria, un día su padre la llevó a caminar por el bosque de Chapultepec, por los viejos ahuehuetes, en donde metió el pie entre las raíces de un árbol. Se cayó, dando como resultado el no poder apoyar la pierna. El diagnóstico: "tumor blanco", finalmente fue poliomielitis. A este respecto la paciente relata: "tuve que pasar varios meses en cama, me lavaban la pierna en una tinita con agua de nogal y paños calientes; me quedó un pie ligeramente atrofiado, una pierna más corta y más flaquita que la otra y tuve que usar botas ortopédicas".

La paciente comenta que a raíz de este evento ella se había vuelto la burla de los otros niños, lo que contrastaba con el cariño que le demostraba su padre, ya que fue muy tierno con ella, como jamás lo fue con ninguna de sus hermanas.

Su médico había ordenado que hiciera mucho ejercicio, ya que según comenta, hacía falta mucha energía para forzar al cuerpo y poderse enfrentar a los otros niños en los juegos. Nos indica, también, que ella había decidido redoblar esfuerzos para ser la mejor. La paciente comenta: "tenía que encontrar mucha paciencia en mí misma, todos los días, para amarrar y soltar las agujetas de mis botitas, que no terminaban nunca, ya que el pie tenía que estar bien sujeto, por instrucciones del doctor…"

La paciente relata que se había imaginado que los sarcasmos de los otros niños no la afectarían, pero tuvo que aceptar su realidad: tenía un defecto físico que provocaba frases crueles que se lo recordaban constantemente.

Ella venía del colegio Alemán, se vestía y poseía la mentalidad de alguien que había salido de allí. Era muy inquieta y muy en contra de todas las normas familiares.

Adolescencia.-

La paciente informa que en el año de 1922 presentó el examen de ingreso a la Escuela Nacional Preparatoria, mismo que aprobó. Fue una de las 35 mujeres entre 2000 alumnos.

Comenta que la palabra clave de su adolescencia fue: euforia, y explica: "el contexto histórico en que evolucionábamos nos concernía, daba un sentido a la energía de nuestra juventud. Había causas justas por las cuales debíamos batirnos y que forjaban nuestro carácter. Éramos los hijos de una revolución y algo de ella descansaba sobre nuestros hombros, un sentimiento histórico incontestable vibraba en nuestro cerebro, anterior, medio y posterior, y teníamos plena conciencia de él, y una gran orgullo".

La paciente continúa comentando: "Yo no tuve que sufrir los "¿quién soy?" de algunos adolescentes. Cada paso era. Y yo era también. Yo estaba rodeada de quienes tenían aspiraciones superiores, generosas y eso también me ayudaba, sin duda. Mi pierna no le interesaba a nadie, y eso era lo mejor. Teníamos fe y esperanza. Creíamos en nuestras fuerzas para cambiar lo que había que cambiar en esta tierra y teníamos razón: nuestras fuerzas casi nos superaban".

A los 16 años, la paciente sufrió un accidente, según nos reporta. El autobús en el que viajaba con su novio, Alejandro Gómez Arias, chocó contra un tren. A nuestra paciente la atravesó una varilla que provocó rotura de la columna vertebral en tres, así como la clavícula, tres costillas, la pierna y el pie derecho, además de una triple fractura de la pelvis, misma que le impediría tener hijos. Dicho accidente la condenó a vivir largas convalecencias, en su cama, además de soportar corsés de yeso, tuvo cerca de 30 operaciones. Alejandro, a quien la paciente comenta que adoraba, siendo él su primer amor, no volvió a verla después del accidente. Muchas cartas le escribió nuestra paciente suplicándole que viniera a verla: sólo una vez lo hizo y luego, se marchó.

"Mi ilusión y a la vez decisión de estudiar medicina se tuvo que posponer por tiempo indefinido: no había dinero para las dos cosas, o mi enfermedad o mis estudios", comenta.

A Matilde, su madre, se le había ocurrido la idea de transformar la cama de la paciente, una cama corriente, en un lecho mucho más refinado, regio: una cama de baldaquín. Desplazaron a la enferma. El remate de la obra fue un espejo sujeto al cielo de la cama. "Así, hija mía, podrás verte siquiera", había dicho su madre, satisfecha de su iniciativa. De pronto, allí bajo ese espejo omnipresente, se hizo imperioso, para nuestra paciente, el deseo de dibujar.

A este respecto la paciente comenta: "Me han preguntado muchas veces por esa persistencia en el autorretrato. A principio no tenía elección, y creo que esa es la razón fundamental de esa permanencia del yo-sujeto en mi obra. Póngase en mi lugar por cinco minutos. Por encima de la cabeza, la propia cara, porque el cuerpo estaba generalmente oculto por las sábanas. La cara, pues, obsesiva, casi perseguidora. O la obsesión nos devora o hay que verla de frente. Hay que ser más fuerte que ella, no dejarse devorar. Tener fuerza, destreza". "Mi padre me trajo tubos de pintura y poco a poco pasé del dibujo al color: fue un verdadero descubrimiento, una alegría absoluta, el mundo se iluminaba, mi tiempo adquiría otra dimensión. Fue un maravilloso "regalo del accidente".

"Orgullosa fue su reacción ante la adversidad. Coqueta y extremadamente sentimental, si las circunstancias le impedían explotar sus encantos femeninos, retaría a la suerte vistiéndose de hombre para reafirmar su fortaleza y para esconder defectos físicos y aparatos ortopédicos. Difícil resulta reconocerla con sus atuendos masculinos, bastoncito chaplinesco y cabellos cortitos y engominados, en fotografías que le tomaron junto a sus hermanas, amigas y parientes entre 1926 y 1927".

"El atuendo masculino fue para la Frida de veinte años como un estandarte de su autodeterminación. Al adoptarlo quizás pensó en George Sand o en Rodolfo Valentino. Se antoja suponer que combinó la actitud de ruptura de la baronesa "liberada" con el galán a quien los afeites cinematográficos conferían cualidades andróginas." (Tibol, R. Frida Kahlo – Una vida abierta. México, 2002).

Adultez.-

La paciente informa que la primera vez que vio a Diego Rivera fue en 1922, cuando pintaba un mural en el anfiteatro Bolívar de la Escuela Nacional Preparatoria. Posteriormente lo reencontró en 1927, ella casi restablecida, cuando pintaba los frescos de la Secretaria de Educación. Dos años más tarde, un 21 de agosto, se casaron cuando ella tenía 22 años y el 43. Nadie, excepto su padre, fue a la boda. Vivieron en Cuernavaca mientras su esposo realizaba el mural del Palacio de Cortés. Nos comenta que fue en esa época cuando sufrió su primer aborto.

Nos señala, que en 1934 regresaron a México y que en esa época sufrió el segundo de los tres abortos que tendría, y tuvo que ser operada, también, del pie derecho; todos estos estados de ánimo y problemas físicos fueron plasmados en sus pinturas.

La paciente comenta que por esa época Diego Rivera tuvo un romance pasajero con su hermana Cristina, situación que la hunde en una tremenda depresión, por lo que decide irse a Nueva York sola. Durante su vida al lado de Diego se daría siempre esta situación, Diego Rivera era conocido en le medio intelectual y artístico también, por ser mujeriego.

En 1937 regresa a México y cuando León Trostky y su esposa llegan a México, nuestra paciente empieza a tener una sólida amistad con ambos personajes quienes vivieron en su casa. Durante este periodo, su problema con la bebida empezaba a ser más evidente para tratar de calmar los dolores físicos tan tremendos que tenía.

En 1939, su relación con Diego estaba más deteriorada y llegaron al divorcio. Los siguientes años fueron de mucho trabajo y su creación artística estuvo en su máximo esplendor, pero su estado de ánimo cada día se resquebrabaja más.

La paciente nos comenta: "Es terrible, me siento a la vez fuerte y lo bastante rica interiormente para ser capaz de vivir por mí misma…y tan frágil que un solo pensamiento, no te digo un acto, me hace trizas…"

Posteriormente nos comenta: "Aquí empecé a pensar en un gran cuadro que se llamaría así: Las dos Fridas. De tamaño natural o más, una Frida en buen estado junto a una segunda Frida herida, perdiendo sangre…Una amada y la otra no."

El 8 de diciembre de 1940 se vuelve a casar con Diego Rivera bajo dos condiciones: 1) pagar la mitad de los gastos de la casa y 2) no tendrían relaciones sexuales pues las infidelidades de Diego se lo impedía psicológicamente. (Ninguna de las condiciones se cumplieron).

Nuestra paciente vivió siempre en la "casa azul". Diego podía dormir ahí o no, pero ella jamás regresaría a ese cuarto (conyugal) contiguo en la casa de Coyoacán.

Hay que mencionar que nuestra paciente tuvo varios amantes, entre ellos el mismo Trotsky; Nickolas Muray (fotógrafo norteamericano) a quien conoció en Nueva York en una exposición de sus pinturas.

Los años siguientes fueron similares: pintando, bebiendo y amando a Diego. Hacia l950 fue internada durante nueve meses en un hospital por una infección que le causó el injerto de hueso en la columna que le realizaron cuatro años atrás. Su salud se iba deteriorando cada vez más.

"El 13 de abril de l953, nos refiere la paciente, realicé mi única exposición individual en México, en la Galería de Arte Contemporáneo dirigida por Lola Álvarez Bravo (*).

Muchos pensaron que no asistiría a la inauguración, muchos también seguramente querrían ver a la Frida moribunda, más que a sus cuadros…pero de repente la sirena de una ambulancia anunció mi llegada. En previsión, esa mañana habían llevado a la galería mi cama de baldaquín con el espejo…me bajaron en una camilla y me pusieron sobre ella. Yo iba muy bien vestida y peinada, estaba completamente acostada. El más mínimo movimiento me exigía un esfuerzo insoportable. Mis únicos elementos móviles en mi cuerpo deshecho, eran mis ojos que se aferraban a la gente que pasaba a mi lado para felicitarme, animarme y besarme. Hacía mucho esfuerzo para hablar, daba la impresión de que las palabras se me pegaban a la lengua y me costaba trabajo soltarlas. Supliqué a una enfermera que me aplicara otra inyección: después pedí que me llevaran de ahí, estaba exhausta…"

Pasada la primavera, y a comienzos del verano, los médicos dieron la alerta. Las operaciones a la espalda no habían dado ningún resultado convincente y la pierna iba peor, no circulaba la sangre. El diagnóstico fue grave y definitivo: amputación.

Seis meses después nuestra paciente comentaba: "me han hecho sufrir siglos de tortura y en momentos casi perdí la razón. Sigo queriendo matarme. Diego es el que me detiene, por mi vanidad que me hace pensar que le hago falta…"

(*) "Frida tenía tantos motivos para sentir debilidad e incapacidad, y por el contrario, se le volvían una fuerza enorme, una voluntad, una inteligencia y aún una energía física extraordinaria", dijo la fallecida fotógrafa Lola Álvarez Bravo hace una década.

Post-scriptum.-

Nada pudo detenerla cuando quiso participar en una manifestación comunista, el 2 de julio. Estaba lloviendo. Diego empujaba la silla de ruedas. De nuestra paciente no quedaba más que un fantasma triste, agotado. Ya no era más que dos inmensos ojos negros en un rostro deshecho. Era una imprudencia por la neumonía, desde luego, pero eso no le importaba. Lo único que quedaba era ese Diego al que no quería perder y del que repetía después de veinticinco años de matrimonio que era su universo.

"Embolia pulmonar", fue el último diagnóstico de los médicos cuando, al amanecer del 13 de julio de l954, la encontraron muerta en su cama.

La muerte de Frida Kahlo mereció una ceremonia oficial en el Palacio de Bellas Artes. Alrededor del ataúd abierto se congregaron las personalidades del mundo artístico, responsables políticos de alto nivel, representantes de la alta burguesía, una multitud de amigos, la familia. Y hasta el ex presidente Lázaro Cárdenas.

El cadáver estaba arreglado, tenía los cabellos bien peinados y sabiamente trenzados con cintas, las manos cruzadas cubiertas de anillos y el cuerpo estaba envuelto en telas finas, por última vez. En cierto momento, Diego arrojó sobre el féretro una gran bandera del Partido Comunista Mexicano, roja con la hoz y el martillo con la que siempre Frida se había identificado….

Anexo.- "Sueños, extraños sueños".

Habla Frida:

"Yo estaba en mis cuadros. Uno tenía un gran marco nacarado con un borde que iba invadiendo la superficie pintada, ya muy pequeña, aniquilándome. Lamentaba haberlo hecho tan pequeño, pero era demasiado tarde. En otra tela, mi cara estaba en el centro de una flor, amarilla y morada. De repente, los pétalos abiertos empezaban a cerrarse sobre mí, ahogándome. Pero como yo estaba en el cuadro era muda y no podía gritar. Entonces empezaban a caer de mis ojos unas gotitas de colores. Y el cuadro poco a poco perdió los suyos. Yo me repetía: "Cayó en su propia trampa".

He leído libros de Sigmund Freud. Incluso pinté un cuadro basado en su libro sobre Moisés. Pero no sé interpretar mis sueños. Sé solamente lo que sentí en esos sueños: que mi vida se iba.

Quizá sea muy pronto.

Claro, eso es: "Muy pronto", decía mi padre. "Voy a averiguar".

Averigua rápido, papá, la noche cae sobre mí.

Averigua rápido, para que me deje llevar por el azul ultramar.

Te daré la mano.

La noche cae sobre mí.

En esta última parte, se está refiriendo a un sueño anterior.

Análisis psicológico.-

Respecto a la posible asociación del proceso de creación y la neurosis, Jung opinaba que: "Cuando la escuela freudiana propone la idea de que todos los artistas tienen una personalidad subdesarrollada, con marcados rasgos de autoerotismo infantil, el juicio puede ser válido en cuanto al artista como ser humano, pero no es aplicable al ser humano como artista….El impulso creador que encuentra su expresión más clara en el arte es irracional y se burla finalmente de todos nuestros afanes racionalistas. Todo proceso psíquico consciente bien puede tener una explicación causal, pero el acto creativo, por estar enraizado en la inmensidad del inconsciente, rebasará siempre nuestros intentos de comprensión". (Carl Gustav Jung -1875/1961- The Spirit in Man, Art and Literature.

INTERPRETACIÓN

HIPÓTESIS DIAGNÓSTICA

Al parecer Frida sufrió un abandono por parte de la madre al nacer, ya que en ese momento enfermó de "Grand mal" de origen histérico, lo que le impidió cuidarla. Queda en manos de la nana, que posiblemente compensó el afecto y cuidado que necesitaba, aunque es posible que no haya sido el suficiente.

El padre por su parte trató de suplir este afecto, dando por resultado una relación muy estrecha entre ambos. De aquí que se pueda pensar que la ausencia de la figura materna impidió a Frida resolver el Edipo adecuadamente.

Esto de alguna manera le impidió consolidar su identidad, lo que se puede percibir en sus relaciones bisexuales y en los períodos en que se viste de hombre, especialmente en la adolescencia.

Así mismo, en esta etapa, se pueden inferir conductas maniacas, cuando comenta que la palabra clave es "euforia", también se advierte una negación de procesos adolescentes cuando refiere "yo no tuve que sufrir los ¿quién soy?, yo era."

Por otro lado, su forma de enfrentar la vida en la que hace grandes esfuerzos por aceptar su realidad, la hace a través de un yo narcisista, que le permite cierto grado de adaptación. Esto se observa cuando refiere la actitud de los otros niños con respecto a su poliomielitis y más adelante, después del accidente, en diferentes eventos de su vida.

De aquí que su forma de expresarse con respecto a diferentes situaciones, como cuando nos relata que era hija de la revolución "sentimiento incontestable vibraba en nuestro cerebro, anterior, medio y posterior", usa la racionalización como mecanismo de defensa.

A lo largo de su vida y de su obra, se pueden distinguir ideas obsesivas con respecto a la muerte, al hecho de no poder tener hijos, la persistencia con que pinta autorretratos y al mismo Diego.

Su actitud hacia Diego, por otro lado, denota un miedo intenso al abandono. Es probable que por esa razón siga a su lado a pesar de todas las dificultades que hay entre ellos. Así, otro mecanismo que usa es la formación reactiva.

Algunos de sus cuadros, como "Las dos Fridas", reflejan la escisión que en ocasiones usa como defensa. También se puede observar en la idealización que hace de la figura de Diego, en la que escinde todo lo malo que hay en él.

En su relación con las otras personas se comporta de forma seductora la mayor parte de su vida, de aquí que se pueda pensar que tenga rasgos histriónicos de personalidad, quizá para identificarse con la madre que no tuvo, pero también como producto de la relación tan cercana con la figura paterna.

Al final de su vida manifiesta conductas adictivas que al parecer son causadas por el dolor y el sufrimiento, mismo que llega a provocarle una depresión mayor que la lleva a intentos de suicidio.

Aparentemente todo su dolor y sufrimiento, lo desplaza a su pintura, ya que éste la supera. Sin embargo por lo creativo de su obra que la hizo trascender, también se podría pensar que sublimó su vida en sus cuadros.

Por todo lo anterior, los mecanismos de defensa que utiliza y ya que cumple con todos los criterios del DSM IV, se puede pensar que la patología de Frida corresponde al Trastorno Limítrofe (Border) de la personalidad de tipo medio.

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