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INSTITUTO MEXICANO DE LA PAREJA. EL NIVEL DE DEPRESIONSEGUIN EL INVENTARIO DE BECK QUE VIVENCIA LA MUJER QUE SUFRIO ABUSO SEXUAL DURANTE LA INFANCIA TESIS QUE PARA OBTENER EL TITULO DE LICENCIATURA EN PSICOLOGIA PRESENTA MARIA DEL CONSUELO PLAT GONZALEZ México, D. F. 2005. Introducción. Planteamiento del problema El equilibrio emocional es de suma importancia para los seres humanos. La intensidad, el rumbo, la calidad y hasta las consecuencias de nuestro comportamiento personal y social se ven afectados por cualquier alteración de los sentimientos y emociones (Navarro, 1990). Por lo tanto, hay acontecimientos en la vida que nos afectan tanto en el momento en que los vivimos, como en el transcurso de ésta, como lo es con el abuso sexual infantil. Este tipo de eventos dañan a la mujer en todas las áreas de su vida: en lo emocional, en lo intelectual, en sus relaciones interpersonales, en lo sexual, en lo afectivo, dejando así diferentes efectos en dichas áreas como son: baja autoestima, culpa, enojo, aislamiento, conductas autodestructivas, fatiga crónica, dolores psicosomáticos, diferentes problemas sexuales, tristeza, entre otras. Todo esto puede cambiar el rumbo que va tomando la vida de la mujer y cómo se va sintiendo, viviendo a sí misma, y desenvolviendo en las distintas etapas de crecimiento hasta llegar a adulta. Ella se puede sentir incomoda, inquieta, insegura, incluso sumamente deprimida y sin saber a ciencia cierta a qué atribuírselo realmente. La depresión puede describirse afirmando que es un dolor afectivo que se nos impone contra nuestra voluntad, y luego, se manifiesta de distintas maneras. No es simplemente una exacerbación del dolor, sino que cuando el dolor es demasiado grande puede convertirse en depresión. De ese modo, la depresión es una aflicción de gran magnitud no proporcional a las circunstancias. En la depresión todo lo que está ocurriendo en el presente es la anticipación de un dolor futuro, y el presente como tal ha dejado de existir (Solomon, 2002). Por lo tanto el problema a investigar en el presente estudio es: ¿Qué nivel de depresión según el Inventario de Beck vivencia la mujer que sufrió abuso sexual durante su infancia? Objetivos Los objetivos de esta investigación son: Objetivo general Analizar si el haber sufrido o vivido abuso sexual en la infancia provoca un nivel significativo de depresión en la etapa adulta. Objetivos específicos 1) Delimitar el concepto de abuso sexual infantil. 2) Enunciar los impactos psicológicos más importantes que el abuso sexual infantil provoca en la personalidad de la mujer. 3) Describir los factores etiológicos más importantes de la depresión. 4) Revisar algunos estudios realizados en la población mexicana del fenómeno a estudiar. 5) Evaluar el nivel de depresión que vivencia un grupo de mujeres que sufrieron abuso sexual durante su infancia. 6) Comparar dicho nivel con aquel manifestado por un grupo de mujeres que no padecieron abuso sexual infantil. 7) Ofrecer al profesional de la salud, y en particular al terapeuta, material objetivo y sistematizado que le pudiese facilitar su trabajo profesional. 8) Proporcionar algunos lineamientos teórico-prácticos que pudiesen servir como factores de prevención para la mujer que sufrió abuso sexual durante su infancia. Antecedentes de la investigación. La mayoría de los estudios coinciden en que las víctimas de abuso sexual, mayoritariamente, pertenecen al género femenino, como en el caso del investigador Finkelhor (1980) que considera que una de cada tres mujeres ha sido o será abusada sexualmente por un miembro de su familia o algún allegado antes de cumplir los dieciocho años. En un estudio realizado sobre 138 casos de niñas y niños abusados en la ciudad de Buenos Aires, entre abril de 1989 y diciembre de 1992, se encontró que el 76.8% (106 casos) correspondían a victimización de niñas (Sanz; Houghton y Viar citado por Intebi,1998). Finkelhor (1980) es quien confirma las crudas evidencias: las niñas y los niños son vulnerables a cualquier edad. Asegura que "a pesar de la amplia gama de edades en que ocurren estos hechos (el abuso sexual), con frecuencia se asume que en las niñas se da durante el comienzo de la pubertad, al volverse más atractivas para los adultos. Se estima que la vulnerabilidad de las niñas frente a las proposiciones sexuales aumenta a medida que adquiere características sexuales adultas. Las niñas tienen un mayor riesgo de ser abusadas sexualmente con un promedio de 2.5 niñas victimizadas por un varón. También recabó información de 796 estudiantes universitarias de seis universidades de la región de Nueva Inglaterra, en EE.UU. De las 119 mujeres que informaron haber sido víctimas de abuso en la infancia, el 14% admitió que los episodios habían ocurrido entre los 4 y los 6 años; el 23%, entre los 7 y los 9; el 47%, entre los 10 y los 12; y el 16%, entre los 13 y los 16. La edad promedio en que comenzó el abuso sexual era a los 10.2 años. Cuando se usa la fuerza, la niña puede encontrar que es más fácil culpar al abusador que a sí misma. Culpar al perpetrador puede menguar los sentimientos de autoculpa y culpa que puede ser un prefacio de la depresión y una baja autovaloración. Cuando no se usa la fuerza y la víctima está coaccionada a obedecer por favores, se le demanda agradar al abusador, o que tenga sentimientos de obligación, ella puede ver el abuso que está bajo su control, o que quizá sea algo que desea. Frecuentemente el abusador le dice a la víctima "tú realmente quieres esto" lo que provoca que la falta de fuerza en la víctima, puede fácilmente estimular los sentimientos de autoculpa y culpa que puede encauzar el aumento de los niveles de depresión y baja autovaloración (Mennen, 1993). En cuanto a la depresión, el 15% de la población presenta por lo menos un episodio depresivo a lo largo de su vida adulta, lo suficientemente intenso como para afectar su funcionamiento y requerir tratamiento. Esta prevalencia es independiente de factores culturales, de raza o de nivel socioeconómico y tiene una distribución diferenciada en cuanto al sexo, siendo más frecuente en las mujeres que en los hombres con un relación de 2-1. En un estudio epidemiológico reciente de De la Fuente (1999) se indica que hay una tendencia que a la edad de inicio del primer episodio depresivo disminuya en las generaciones más jóvenes, fenómeno que se le conoce como "efecto de cohorte de nacimiento". Solomon (2002) afirma que en un año, unos 19 millones de estadounidenses sufren episodios de depresión, de los cuales más de dos millones son niñas y niños. La depresión, es la principal causa de incapacidad en Estado Unidos y el resto del mundo entre las personas de más de cinco años de edad. En el mundo, incluyendo a los países en vías de desarrollo, la depresión presenta, la mayor carga sanitaria si se calcula la mortalidad prematura y los años de vida útil que se pierden por incapacidad. El riesgo de padecer depresión es de 2 a 6 veces mayor en parientes de primer grado (a diferencia de aquellos que no tienen antecedentes familiares), y en aquellos con una historia familiar de trastornos afectivos o alcoholismo, enfermedades crónicas, trastornos de la personalidad e historia de eventos traumáticos tempranos o abuso infantil (Alarcón, Mazzotti y Nicolini, 2005). Rossa et al., (1999) hicieron una encuesta a más de 2000 mujeres de la población en general para examinar la relación del abuso sexual infantil y la depresión. La proporción de las mujeres en cada grupo étnico que había experimentado un nivel severo de abuso sexual infantil fue notablemente similar; por arriba de un tercio reportaron haber experimentado alguna forma de abuso sexual infantil y cerca de un quinto de cada grupo reportaron que habían sido violadas. Este estudio encontró una relación significativa entre la severidad del abuso sexual infantil y una precoz depresión en la adultez. Hay una relación entre el abuso sexual durante la infancia y la depresión encontrando una fuerte asociación con las formas más severas del abuso sexual (100% de las mujeres que han experimentado penetración y el 86% con intento de penetración) (Cheasty y Clare, 1998; Bagley and Ramsay, 1986; Briere and Runtz, 1989; Busby et al., 1993). Entre más severa es la experiencia del abuso, son más severos los síntomas tales como la depresión. Así mismo, Bagley y Ramsay (1986) argumentan que la penetración es el síntoma más prevesible para la depresión en las sobrevivientes adultas. Por su parte, Bifulco et al (2002) demostraron un incremento en el riesgo de depresión en su muestra de mujeres quienes habían experimentado abuso sexual durante su infancia enconltrando que los más altos niveles de depresión estaban asociados con las formas de abuso más severas. Importancia y justificación de la investigación El abuso sexual infantil es una de las formas más severas del maltrato, y es un problema social muy serio. Uno de los principales obstáculos para acercarse a esta realidad es la suposición de que es un hecho extraordinariamente infrecuente; otro, es que creemos erróneamente que las agresiones sexuales son violentas y que se utiliza la fuerza física, por lo tanto el maltrato físico debe de manifestarse en la menor. También se piensa que el agresor es una persona de aspecto desagradable, sucia, hostil, de aspecto peligroso. No nos damos cuenta de que por lo general son personas de apariencia agradable con un trato amable y que puede llegar a ser tanto un desconocido como una persona que conocemos o que incluso le tenemos confianza, o hasta un familiar o pariente. Toda esta serie de ideas erróneas o mitos sobre el abuso sexual dificultan identificarlo, entenderlo y nos inducen a que éste sea ignorado. Las niñas perciben con exactitud las experiencias sexuales como sexuales. En la mayoría de los casos, las niñas muy pequeñas reconocen espontáneamente una actividad sexual. Obviamente sin comprender lo "sexual" en el sentido pleno y total en que un adulto lo comprende. Pero se dan cuenta de la actividad porque es diferente o porque es un tabú, involucrando sensaciones viscerales y el hecho de que es algo que se debe hacer a escondidas y no ser mencionado. Lo que destaca este tipo de experiencias, es el sentimiento que tienen las niñas sobre el modo tan particular de actuar del adulto. El abuso sexual infantil en una niña viola sus fronteras, su derecho a decir no, su sentido de control en el mundo. El abuso la humilla y le transmite el mensaje de que vale muy poco. En lugar de considerar malo al agresor o a los padres, llega a creer que ella no merece que la cuiden y que en realidad se merecía el abuso. Este suceso tiene un impacto en todos los niveles del ser de la niña: físico, emocional, intelectual y hasta espiritual. Al no ser tratada por un psicólogo o un experto en este tema, cuando la niña es adulta el problema es mucho mayor. Los efectos a largo plazo, ya en las mujeres adultas, pueden ser tan generalizados que a veces resulta difícil determinarlos exactamente. Lo invaden todo: el sentimiento de identidad, las relaciones íntimas, las relaciones interpersonales y familiares, la sexualidad, incluso la cordura. Las sobrevivientes están durante toda su vida tan ocupada tratando de sobrevivir que no advierten de qué manera les impacto e hizo daño el abuso. Si bien algunas maneras de reaccionar son positivas pudiendo haber obtenido éxito profesional, ser autosuficientes, teniendo fortaleza interior; otras se pudieron convertir en hábitos contraproducentes como robar, abusar de alcohol o drogas, comer compulsivamente, o incluso hasta automutilarse (Bass y Davis, 1995). Normalmente nuestros comportamientos contienen tanto aspectos positivos como destructivos. Para que las mujeres que sufrieron abuso sexual infantil puedan sanar primero es necesario que distingan entre ambos aspectos. Para que logren cambios satisfactorios en sus propias vidas hay que ayudarlas a identificar lo que les sucedió y a que se den cuenta de cuáles fueron o son los efectos del abuso sexual infantil y poderlos relacionar con su manera de ser, con sus propios miedos, con sus actitudes hacia ciertas cosas que las pueden estar dañando sin que se den cuenta, con sus hábitos o con su manera de reaccionar hacia ciertos eventos o sucesos que las descontrolan o que no pueden manejar. Con todo lo dicho anteriormente, el objetivo de este estudio es poder dar a conocer varias de las consecuencias a largo plazo del abuso sexual durante la infancia, y cómo, cuando no se trata, o no sale a la luz cuando se es niña, puede llegar a afectar todas las áreas de la vida de la mujer y cómo su vida se puede llegar a nublar con la depresión. Limitaciones metodológicas Entre las limitaciones metodológicas están:
3) Al estar basado en un cuestionario impreso se tiene la limitante de que se saca a la sujeto de su contexto real, lo que puede hacer que conteste de forma socialmente aceptable y no de manera verdadera. 4) Existe la imposibilidad de ejercer un control directo sobre la variable independiente (abuso sexual infantil). Por estas y otras limitaciones que pudiesen aparecer, las conclusiones a las que se llegue no pueden ser generalizadas. Definición de términos Depresión.- Se define como un síndrome caracterizado por el decaimiento del estado de ánimo, la disminución de la capacidad de experimentar placer y de la autoestima, con manifestaciones afectivas, ideativas, conductuales, cognitivas, vegetativas y motoras, con serías repercusiones sobre la calidad de vida y el desempeño social-ocupacional (Alarcón; Mazzotti y Nicolini, 2005). Abuso.- Propasarse deshonestamente con otra persona (Raluy y Monterde, 1975). Abuso sexual.- Delito consistente en la realización de actos atentatorios contra la libertad sexual de una persona sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento (Real Academia de la Lengua Española, 2001). Violación.- Tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad o cuando se halla privado de sentido o discernimiento (Real Academia de la Lengua Española, 2001).Estupro.- Relación sexual intimidada por el abuso de confianza o engaño (Barudy, 1997). Vejación sexual.- Conducta sexual con una menor cuando tal contacto comporta estimulación o gratificación de las necesidades o deseos sexuales de otra persona (Madanes, 1993). Metodología. Tipo de investigación Esta investigación es un estudio ex post facto, el cual Kerlinger (1988) define como una búsqueda sistemática en la que el investigador no manipula la variable independiente, por ser intrínsicamente no manipulable, o porque ya aconteció su manifestación, por lo que sólo se observa su variación concomitante sobre la variable dependiente. Diseño de la investigación Esta investigación es cuasi experimental de comparación estática.
MR = Muestra no probabilística X = Presencia de la variable independiente (mujer abusada sexualmente) -X = Ausencia de la variable independiente (mujer no abusada sexualmente) Y = Evaluación de la variable dependiente (el nivel de depresión). Definición de variables La variable independiente es la mujer que fue abusada sexualmente durante su infancia. Definición conceptual Por abuso sexual se entiende cualquier manifestación de carácter sexual entre una persona adulta y una menor de edad, o entre un adolescente o una niña o niño de mayor edad con una menor (Canencia, 2001). Definición operacional Se mide el abuso sexual con un cuestionario ex profeso para ésta investigación. Mientras que la variable dependiente es el nivel de depresión Definición conceptual Dentro de la depresión existe una marcada reducción de la frecuencia de cierto tipo de actividades y un incremento en la frecuencia de otras, usualmente de la evitación y el escape. La definición clínica de la depresión es un estado emocional con retraso en los procesos de pensamiento y psicomotor, una reacción emocional depresiva, sentimientos de culpa o crítica, desmerecimiento, es un buen lugar para empezar a descubrir las formas reales de conducta que describen la manera como una persona deprimida interactúa con su medio ambiente (Friedman y Katz, 1974). Definición operacional Se mide con el Inventario de depresión de Beck Hipótesis Hipótesis general H1 Existe una diferencia estadísticamente significativa entre las mujeres que sufrieron abuso sexual en su infancia y las mujeres que no lo padecieron, en cuanto a la presencia o al nivel de depresión que experimentan. H0 No existe una diferencia estadísticamente significativa entre las mujeres que sufrieron abuso sexual en su infancia y las mujeres que no lo padecieron, en cuanto a la presencia o al nivel de depresión que experimentan. Sujetos La muestra de éste estudio es no probabilística, en tanto que no todas las sujetos tienen la misma probabilidad de pertenecer a ésta, dado que sólo son consideradas las sujetos disponibles para el investigador (Kerlinger, 1988). Se trabajó con 120 sujetos que conformaron los siguientes dos grupos: Grupo 1: 60 mujeres que no sufrieron abuso sexual durante su infancia. Grupo 2: 60 mujeres que padecieron abuso sexual durante su infancia. Criterios de inclusión a.- Mujeres mayores de 18 años b.- Estado civil indistinto c.- Residentes en el D.F. o área conurbada d.- Clase social indistinta e.- Que el abuso sexual haya ocurrido antes de los 12 años Criterios de exclusión a.- Que tengan un diagnóstico psiquiátrico b.- Que estén tomando medicamentos psiquiátricos Criterios de eliminación a.- Que deje de responder uno o dos respuestas en algún instrumento usado b.- Que en la población control, al final del cuestionario dijeran que si sufrieron abuso sexual Instrumentos Esta investigación se baso en los datos obtenidos en dos instrumentos: 1) Un cuestionario para saber si la sujeto fue víctima de abuso sexual durante su infancia. Este cuestionario se realizó con la finalidad de saber si la mujer sufrió o no abuso sexual en su infancia. Está constituido por once preguntas, en donde la respuesta puede ser sí o no. Sí es afirmativa implica que hubo algún tipo de abuso sexual; si es negativa, no lo hubo, o no lo recuerda. Para que a la sujeto se le considere dentro del grupo que padeció abuso sexual infantil tiene que contestar por lo menos una respuesta afirmativa. Así este cuestionario es para confirmar e identificar a que grupo pertenece la sujeto. (Ver instrumento completo en el apéndice A) 2) Inventario de depresión de Beck (1983) Este Inventario consta de 21 ítems para evaluar la intensidad de la depresión. En cada uno de los ítems la sujeto tiene que elegir aquella frase entre un conjunto de cuatro alternativas, siempre ordenadas por su gravedad, que mejor se aproxima a su estado medio durante la última semana incluyendo el día en que completa el inventario. Cada ítem valora de 0 a 3 puntos en función de la alternativa elegida. La puntuación total de los 21 ítems varía de 0 a 63. En el caso de que la sujeto elija más de una alternativa en un ítem dado, se considera la puntuación de la frase elegida de mayor gravedad. Finalmente, la pérdida de peso (ítem 19) sólo se valora si la sujeto indica no estar a dieta para adelgazar. En caso de que lo esté, se otorga la puntuación de 0 en el ítem. Los puntos de corte figuran de la siguiente manera: Población Normal (sin depresión): 0-9 puntos Depresión leve: 10-18 puntos Depresión moderada: 19-29 puntos Depresión grave: 30- 63 puntos En cuanto a la estandarización de este inventario, Jurado, Villegas, Méndez, Rodríguez, Loperena y Varela (1998) reportan el proceso psicométrico realizado en la Ciudad de México para estabilizar el Inventario de Depresión de Beck. Se realizaron tres estudios. El primero siguió los lineamientos internacionales establecidos para traducir y adaptar instrumentos de evaluación psicológica. La muestra normativa fue de 1508 personas adultas entre 15 y 65 años de edad. La confiabilidad por consistencia interna obtenida fue: alpha de Cronbach = 0.87, p<.000. El análisis factorial mostró que la versión mexicana, al igual que la original, se compone de tres factores. Por último se obtuvieron las tablas normativas tanto como para estudiantes como para la población en general. El segundo, evaluó la validez concurrente entre el Inventario de Depresión de Beck y la Escala de Zung en una muestra de 120 personas con diagnóstico psiquiátrico de depresión y con edades de entre 17 y 72 años de edad. La correlación estadística entre ambas escalas fue r = 0.70, p<.000. El tercer estudio evaluó nuevamente la validez concurrente entre el Inventario de Depresión de Beck y la Escala de Zung, pero esta vez con una población de 546 estudiantes de bachillerato, con edades entre 15 y 23 años. La correlación estadística entre ambas escalas fue: r = 0.65. p<.000. Se concluye que el Inventario de Depresión de Beck desarrollado en ese estudio cumple con los requisitos de confiabilidad y validez requeridos psicométricamente para evaluar los niveles de depresión en residentes de la Ciudad de México. Para fines de ésta investigación se decidió hacer un pequeño estudio técnico a través de la alpha de Cronbach, obteniéndose un puntaje de 0.94, lo que implica que todos y cada uno de los reactivos manifiestan una adecuada consistencia interna, es decir miden lo que pretenden medir: la depresión. Para la validez de constructo se decidió realizar un análisis factorial de rotación Varimax encontrándose que este instrumento explica el 60.40 % de la varianza total. Así mismo se determinó que considera tres factores que se denominaron síntomas psicológicos, síntomas somáticos y síntomas interpersonales. El peso factorial de los reactivos se muestra en el siguiente cuadro. CUADRO No. 4 Peso factorial de los reactivos del Inventario de depresión de Beck
Procedimiento El marco teórico de ésta investigación se realizó en base a consultar las bibliotecas de la Universidad Autónoma de México, Universidad Iberoamericana, Universidad Anáhuac, así como el banco de datos de diferentes instancias de gobierno que atienden a personas con estos padecimientos, y de diferentes instituciones privadas como la Fundación Mexicana de Estudios Interdisciplinarios en la Salud Integral, S. C. y el Centro de Asistencia Contra la Violencia Intrafamiliar, entre otras. Se le explicó a las sujetos que contestaran los cuestionarios cuya información es de carácter confidencial. Una vez recolectados los datos se procedió al análisis estadístico permanente y a la elaboración de las conclusiones de este estudio. Análisis estadístico Se utilizó el paquete estadístico para ciencias sociales (SPSS) versión11.0 para windows. Comentarios y conclusiones. A partir del marco teórico de esta investigación, se puede concluir que el abuso sexual se puede considerar como un acto muy complejo, ya que intervienen muchos factores y vivencias que lo agravan complicando sus consecuencias futuras y lo hacen más difícil de detectar y de relacionarlo con su propio malestar o incomodidad para la mujer cuando ya es adulta. Dicho lo anterior, se puede afirmar que el abuso sexual es una explotación que implica desigualdad de poder entre una menor y el adulto abusador en la base de la edad, el tamaño físico y/o la naturaleza de la relación emocional. El contacto físico incluye tocamiento genital, anal, oral o del pecho (Cohen y Mannarino, 1993). Un aspecto que lo agrava aún más es que puede haber uso de fuerza explícita o implícita tales como amenazas, coacción, soborno, castigo o engaño, para obligar a la menor a realizar la conducta solicitada. Otro, es que es una violación a la confianza de la niña, ya que cualquier persona en una posición de autoridad y en la que la menor confía, viola su cuerpo y la traiciona. Cuando una niña es víctima de abuso sexual es afectada emocional, conductual y cognitivamente, y asimilara la experiencia de acuerdo a la etapa de desarrollo psicológica en que se encuentre en ese momento, ya que cada etapa de desarrollo tiene una importancia especial dado que le corresponde un modo particular de percibir y significar el mundo. En todas las teorías se puede ver que la niña es un ser que va aprendiendo poco a poco de lo que ve, escucha, siente de las personas y circunstancias o sucesos que la envuelven y rodean. Por ejemplo, en el enfoque psicosocial, Erickson (1965) propone varias etapas en el desarrollo, que las enfoca en una polaridad emocional o conflicto que las niñas experimentan en ciertos periodos críticos. Las demandas ambientales nuevas introyectan componentes emocionales positivos y negativos en el desarrollo de la personalidad. Ambos componentes emocionales son incorporados en alguna medida en la persona que está emergiendo, pero si el conflicto es resuelto satisfactoriamente, el componente positivo es reflejado en un grado mayor. Si el conflicto persiste o no es resuelto de forma adecuada, predomina el componente negativo. Además las etapas progresan de modo acumulativo por lo que las conductas de una etapa no desaparecen en la sucesiva. Otro ejemplo que muestra que las menores van aprendiendo conforme van creciendo es en el enfoque cognitivo-evolutivo del desarrollo psicosexual, ya que se parte de la idea de que los conceptos y las actitudes sexuales de la niña tienen su origen en la organización cognoscitiva que hace de su mundo social siguiendo las pautas del rol sexual. En este contexto, los conceptos relacionados con la sexualidad son parte de un proceso general del desarrollo conceptual de la niña. Kholberg (1966) considera que el desarrollo de los conceptos y actitudes sexuales involucran estadios secuenciales, correspondientes a una reorganización cualitativa de las estructuras cognoscitivas de la niña. En esta reorganización cognoscitiva, otorga a la menor un papel activo, en donde mediante las experiencias de su cuerpo y de su medio social construye conceptos, valores y actitudes sexuales. Por lo tanto, y con lo dicho anteriormente se puede afirmar que el impacto de cualquier tipo de agresión sexual es siempre traumático puesto que los comportamientos sexuales abusivos que son provocados por un adulto se sitúan fuera del cuadro de la experiencia habitual de la menor. Dentro del impacto, en el aspecto psicológico, las secuelas del abuso son múltiples y afectan todas las áreas que conforman la vida de la mujer. Por lo tanto, se puede afirmar que su biografía completa es afectada a causa del abuso que sufrió durante su infancia, y su manifestación puede presentarse, ya sea de forma inmediata como en distintos periodos y circunstancias de su vida y durante extensiones variables de tiempo. Estas particularidades individuales y propias de las circunstancias que rodean la agresión, tienen también como consecuencias, que el trauma puede quedar amnésico, parcialmente amnésico o no amnésico, lo que tiene importantes implicaciones para la víctima. Se utiliza el término de sobreviviente ya que como afirma Kritsberg (1993) describe el estado de la niña abusada sexualmente que se ha convertido en adulta. La vivencia de la sobreviviente significa que la persona simplemente continúa sobreviviendo, sin ser capaz de vivir plenamente. Los efectos a largo plazo en el área emocional son variados ya que pueden experimentar sus vidas afectivas constreñidas por el mismo proceso defensivo por consecuencia del abuso sexual. Al parecer tienen, en algunas ocasiones, un rango angosto de las experiencias emocionales, ya que no pueden experimentar un amplio rango de ellas. Aunque si pueden sentir algunas emociones al extremo como son el enojo, la pena, el temor, aunque perdiendo el matiz sutil de ellas y en ocasiones, se lanzan a estados emocionales extremos con una pequeña o ninguna provocación. Por otro lado, existe lo que se llama "inundación emocional" (Kritsberg, 1993) en donde sin ninguna razón aparente, la sobreviviente puede hundirse en una profunda pena o volar a una rabia inapropiada, y ésta sucede cuando las defensas de la persona temporalmente se derrumban, causándole sentirse aplastada por el dolor emocional, incluso aunque ella pueda ignorar la fuente de su dolor. Las consecuencias en el área interpersonal, están caracterizadas por sentimientos de aislamiento y enajenación, de estigmatización y de ser diferente a otros. Esto se da tanto en las relaciones sociales generales como en las relaciones con hombres, con mujeres, con su propia destreza para ser padres y con la pareja que se complica ya que como afirma Sanderson (1995) con la pareja existe una relación cercana, por lo que puede presentarse un alto incidente de re-victimización. Las secuelas en el área conductual, pueden manifestarse de manera negativa en sus conductas adultas. Esto se presenta principalmente en conductas autodestructivas que pueden convertirse en una amenaza en la vida, como en la automutilación, ya que es a menudo un intento por expiar sus sentimientos de culpa y vergüenza, o bien, puede ser el único modo visible disponible para expresar sus sentimientos confusos (Briere, 1989).También existen el suicidio, los desordenes alimenticios y el abuso de sustancias. En los efectos cognitivo-conductuales vemos que se centran alrededor de distorsiones cognitivas, negación, disociación, amnesia, pesadillas y alucinaciones. También puede haber perturbaciones perceptuales como las visuales, en las que se pueden ver sombras, las auditivas en donde se puede escuchar pisadas en la noche, las táctiles ya que se puede sentir ser tocada por alguien y las sensaciones en las que participan diferentes olores y sabores (Draucker, 1992). Los efectos físicos como lo afirma Sanderson (1995) son a menudo la única manera en que la mujer se permite expresar su dolor. Pueden sentir dolor localizado en ciertas áreas en donde se dio el abuso, por ejemplo recurrentes dolores de garganta en mujeres que fueron repetidamente forzadas a realizar sexo oral, o bien dolor pélvico o vaginal. Por último, los efectos en el funcionamiento sexual. Se observan problemas sexuales más adelante en la vida de las mujeres que sufrieron abuso sexual infantil. A menudo esos problemas son el reflejo de una insatisfacción sexual general incluyendo menos motivación, aversiones sexuales, disminución en la excitación y en el orgasmo, y vaginismo. Otras dificultades son la inhabilidad de separar el sexo del afecto, la sobresexualización, promiscuidad, prostitución, y confusión sobre la orientación sexual. Hay sobrevivientes que sufren de problemas sexuales oscilando entre la actividad sexual compulsiva y no sintiendo deseo sexual alguno, ya que como afirma Kritsberg (1993) haber sido abusada sexualmente tiene un impacto directo e inmediato en la identidad sexual, ya que los limites sexuales fueron violados y la identificación sexual deformada. Por otra parte, el propósito de esta investigación fue adentrarse en la depresión, considerándose este concepto desde un abatimiento ligero o un sentimiento de indiferencia hasta una desesperación en grado extremo. Para Navarro (1990) la depresión es cuando observamos que alguien pierde el interés por la vida o que su estado de ánimo negativo y abatido es muy notable, aun cuando tal vez sus circunstancias personales no son demasiados adversas. La depresión interfiere con la creatividad y hace que disminuya el gusto por el trabajo y las rutinas diarias; por otra parte, dificulta las relaciones con los demás. En depresiones con cierta severidad las personas se aíslan y llegan a mostrarse indiferentes por casi todo y es común que piensen en suicidarse. Por su parte, Solomon (2002) considera la depresión como un dolor afectivo que se nos impone contra nuestra propia voluntad, y luego se manifiesta de distintas maneras. Es una aflicción en una magnitud no proporcional a las circunstancias. Todo lo que está ocurriendo en el presente es la anticipación de un dolor futuro, y el presente como tal ha dejado de existir. Las depresiones se deben a combinaciones distintas de una serie de factores que influyen de diverso modo en un individuo determinado: algunos factores genéticos y una baja en la salud del organismo pueden ser importantes; además muchas presiones, circunstancias del ambiente o sucesos en la propia vida del individuo lo desgastan y contribuyen a su manifestación. Ciertos modos de reaccionar ante la depresión, demasiado pasivos y fatalistas, pueden aumentar o hacer que dure más tiempo. La depresión se expresa de diferentes maneras: en su manifestación emocional existen cambios en los sentimientos y en el estado de ánimo que se relaciona con la depresión, ciertas modificaciones en la conducta que se pueden atribuir directamente al estado emocional alterado. Estos son desanimo, sentimientos negativos hacia uno mismo o baja autoestima, reducción de la gratificación, pérdida de los apegos emocionales, periodos de llanto, pérdida de la respuesta de alegría o aumento rápido de la tristeza y apatía. En las manifestaciones cognitivas, hay personas que distorsionan actitudes hacia ellas mismas, sus experiencias y su futuro; tienen autoevaluaciones bajas, distorsiones de su autoimagen, expectativas negativas, autoculpa e indecisión. Las alteraciones intelectuales o cognitivas incluyen una sensopercepción disminuida, baja en la atención y en el estado de alerta, dificultades para la comprensión y trastornos en la memoria (Navarro, 1990). En las manifestaciones motivacionales, se incluyen experiencias de lucha conscientes, deseos e impulsos que son predominantes en la depresión. Los patrones de motivación se pueden inferir por observar la conducta de la persona. En esencia, rindiéndose a sus impulsos pasivos y a su deseo de retirarse o cometer suicidio, la lleva al abandono de su familia, amigos y profesionalmente. No obtiene satisfacción personal a través de sus talentos o relaciones interpersonales. Evita hasta los problemas más simples hasta que se encuentra que éstos ya se le acumularon hasta que la aplastan (Beck, 1970). En las alteraciones somáticas: hay pérdida del apetito, disturbios del sueño, pérdida de la libido y fatiga. Son alteraciones vegetativas o somáticas que se deben a alteraciones a nivel hipotalámico y a otros trastornos relacionados con el sistema nervioso autónomo. Como lo afirman Kaplan ySodock (1991) dado que ha disminuido el interés por el mundo exterior, aparece una atención intensificada por el cuerpo, con hipocondría y delirios somáticos. Tomando en cuenta todos estos aspectos teóricos, esta investigación tuvo como finalidad analizar cómo afectan las secuelas del abuso sexual infantil en el ámbito de la depresión en la mujer adulta. Es de suma importancia resaltar que si examinamos los resultados obtenidos dentro de todos los reactivos del Inventario de depresión de Beck (1983) se observa que hay una diferencia importante entre las mujeres que padecieron abuso y las que no lo sufrieron, ya que las puntuaciones de la primeras son más altas en general, que las segundas. Las conclusiones a las que se llega es que las mujeres que sufrieron abuso sexual durante su infancia, se ven afectadas en diferentes aspectos de sus vidas, como lo son en presentar sentimientos de fracaso, autodecepción e indecisión. Esto puede afectar a largo plazo en su autoestima ya que cuando se es agredida en la infancia, éste hecho viola sus fronteras, su derecho a decir no, su sentido de control en el mundo, y esto hace que la mujer se sienta impotente, humillada y le transmite el mensaje implícito de que vale muy poco. A muchas niñas víctimas de abuso sexual se les dice abiertamente que jamás van a triunfar en la vida, que son tontas o que sólo sirven para el sexo. Con esos mensajes es muy difícil creer en una misma como lo afirman Bass y Davis (1995). La afección en estas áreas, lleva a la mujer a expresar sentimientos de inferioridad y poco valor propio. Como lo hizo notar Courtois (1988) en su estudio a la comunidad en dónde encontró que el 87% de las mujeres que fueron abusadas sexualmente reportan que su autoestima ha estado de moderada a severamente afectada. Muchas mujeres que fueron abusadas en el inicio de sus vidas, perciben el abuso como una "definición" de sí mismas es decir, que constituyen una autoimagen que incorpora al abuso, en vez de verlo como algo que sucedió. Los traumas pasados y presentes son considerados atributos de la persona y por lo mismo se consideran a si mismas como carentes de valor (Miller et al., 1978). Con lo anterior, nos podemos referir a la pobre imagen corporal, ya que fue una de las escalas altas. Muchas sobrevivientes tiene sentimientos negativos por mucho tiempo, lo que hace que estos sean interiorizados generando una autoimagen negativa. Entregando su falta de autovalor, son incapaces de protegerse o cuidarse a sí mismas de una manera sana, creyendo ser indignas de la crianza. Gil (1988) argumenta que algunas sobrevivientes buscan activamente estar con sobrepeso para ocultar sus cuerpos, y para hacerse sexualmente no atractivas para evitar acercamientos sexuales de cualquier tipo. Otras sienten que su vulnerabilidad disminuye en función al tamaño de su cuerpo: entre más grandes están mejor se protegen. Si nos referimos al puntaje en la escala de culpa, que es un aspecto que también está muy afectado cuando existe abuso, Tsai y Wagner (1978) basados en su experiencia de grupos de terapia de sobrevivientes adultas, argumentan que el sentimiento de culpa puede ser tomado en cuenta por tres factores principales: 1) debido al secreto asociado con el abuso sexual, ya que la niña percibe que estos encuentros son vergonzosos y que no deben ser revelados a otros; 2) si la niña experimenta placer físico o sexual durante el abuso, incluyendo orgasmos, esto genera importantes sentimientos de culpa; y 3) la niña y después la adulta, se puede culpar por no haber parado el abuso y permitir que continuara, o cree que ella contribuyo a su continuación de algún modo, no revelándolo. Unido a lo anterior, mencionamos la autoculpa, ya que algunas sobrevivientes se autoculpan no porque piensan que ellas instigaron el abuso o por gozar la experiencia, sino porque nunca dijeron nada, por lo tanto no lo detuvieron. Para Sgroi y Bunk (1988) esta preocupación es especialmente sobresaliente si el abuso duro largo tiempo, si la niña era mayor cuando el abuso inicio, si las estrategias de compromiso no envolvían el uso de la fuerza y si la niña no trato de pararlo. El sentimiento de aislamiento que sufren las mujeres que padecieron abuso sexual infantil, puede afectar el funcionamiento social en algunas relaciones sociales en general, particularmente en relaciones con mujeres y hombres, también dificultades con las parejas y con ser padres de sus hijos (Sanderson, 1995). Esto puede llevar a las sobrevivientes a perder el interés en las relaciones sociales en general y por lo tanto, habernos dado un puntaje alto en este aspecto. También hay dos áreas en la vida de la mujer que fue abusada que salieron muy altas y que están muy relacionadas entre si, ya que una afecta a la otra, y viceversa. Estas son el desinterés social y desinterés por el sexo, ya que los elementos que constituyen la intimidad (dar y recibir, confiar y ser digno de confianza) se aprenden en la infancia. Si las niñas reciben constantemente una cariñosa atención, desarrollan la habilidad de establecer y mantener relaciones estables. Sin embargo, cuando la niña es víctima de abuso sexual o maltrato, su confianza natural es traicionada por los adultos que abusaron de su inocencia. Por lo tanto la niña crece con mensajes confusos acerca del sexo y el amor, la confianza y la traición. Desde el punto de vista de Sanderson (1995) es frecuente que las sobrevivientes encuentren que cualquier intimidad cercana con un compañero recapitula el trauma del abuso, causándoles imágenes intrusivas del abuso, perjudicando la excitación sexual, y una inhabilidad para diferenciar entre el amor y el sexo. Varios autores confirman esto como Meiselman (1978) que noto que el 64% de su muestra clínica reporto conflicto relacionado con sentir miedo a sus esposos o compañeros, comparado con el 40% de las no abusadas del grupo control. Además también encontró que el 39% de su muestra nunca se había casado. Jehu, Gazan y Klassen (citado por Sanderson, 1995) reportan que el 77% de su muestra clínica sienten que "hay peligro al acercarse mucho a cualquiera porque ellos siempre traicionan, explotan y lastiman". Por lo tanto, el miedo a la intimidad está indisolublemente vinculado con la incapacidad de confiar en otros, que incluye una sensación de traición junto con las reacciones de miedo y hostilidad. Levay y Kagle (citado por Sanderson, 1995) argumentan que el miedo a las relaciones íntimas es una "disfunción en la intimidad" en que los individuos encuentran dificultad en disfrutar el contacto sexual dentro del establecimiento de una relación cercana emocional. A lo que se refiere a la escala del desinterés sexual Langmade (1983) reporto que las mujeres que tienen una historia de abuso sexual infantil son más ansiosas sexualmente, experimentan más culpa sexual, y reportan más insatisfacción con sus relaciones sexuales que el grupo control. Esto es consistente con lo que Jehu (1979) asevera al aplicar un autoreporte de sobrevivientes que describe poco o ningún interés en el sexo, y una preferencia de abstenerse del contacto sexual. A menudo las mujeres abusadas sexualmente encuentran la abstinencia como un descanso de ser abrumadas con un alto grado de emociones excitadas, o una confusión de sentimientos. Otras causas para una disfunción en el deseo puede ser el conflicto entre parejas, miedo a la intimidad, o evitación porque el sexo es sólo experimentado como doloroso, angustioso, o como una insatisfacción para la mujeres. Se puede asociar el abuso sexual infantil y las conductas autodestructivas como fuertes ideas suicidas o intentos deliberados a dañarse a si mismas, que es una de los reactivos que también salieron altos dentro de la investigación. Varios estudios de diferentes autores confirman esto como lo son: Herman (1981) que encontró que el 37% de sobrevivientes de incesto padre/hija tienen intentos de suicidio; mientras que Jehu, Gazan y Klassen (citado por Sanderson, 1995) con muestras clínicas reportan un porcentaje superior de 73%. También Briere (1989) que apunta que el 51% de las mujeres abusadas sexualmente demostraron una historia de suicidio, comparadas con el 34% de las mujeres no abusadas; y por último Sedney y Brooks (1984) que también encontraron que, en añadidura de hacerse daño a si mismas, 16% de las sobrevivientes de abuso sexual infantil han tratado de suicidarse por lo menos una vez, comparado con el 6% del grupo de no abusadas. Ha sido propuesto por Calam y Slade (citado por Sanderson, 1995) que la unión entre el abuso sexual y los desordenes alimenticios pueden ser por un disgusto o una afirmación negativa a las manifestaciones corporales de feminidad, de la sexualidad y de una imagen del cuerpo como recordatorios de la experiencia abusiva. En lo que se refiere al reactivo de hipocondría, algunas sobrevivientes son hipervigilantes, y esto les impide relajarse, incluso durante el sueño, provocando una tensión muscular desmesurada y relacionada con la sensación de dolor. Gil (1988) nota que los dolores de cabeza son casi siempre migrañas, de las cuales inician al poco tiempo después de que se dio el abuso sexual. También que pueden sufrir de un bajo grado de salud en general al no ser capaces de señalar ninguna enfermedad particular crónica. Hay evidencias de que las mujeres con una historia de abuso sexual infantil sufren de disturbios del sueño, como lo muestro la escala de insomnio. En un estudio hecho por Briere (1989) encontró que 72% de su muestra de mujeres abusadas presentaron patrones de sueño alterados comparado con el 55% de las mujeres no abusadas. Se necesita una gran cantidad de energía para sostener adentro el dolor asociado al abuso sexual infantil, lo que puede provocar una gran fatiga en las mujeres que padecieron este tipo de agresión. Esto se puede corroborar con el alto puntaje en este reactivo, y lo confirma Kritsberg (1993) ya que considera que hay una lucha por mantener ese sufrimiento que es agotador tanto emocional como físicamente. Muchas sobrevivientes están constantemente cansadas, sin importar lo mucho que hicieron o durmieron. Simplemente ellas no tienen la energía para participar completamente en la vida. Para ellas la vida diaria es gris y cansada. Al relacionar la depresión con el grupo de mujeres que padecieron abuso sexual infantil, se encuentro un nivel grave de depresión, lo cual es confirmado por Bagley y Ramsey (1986) en estudios hechos a la comunidad de salud mental, en una muestra aleatoria de 387 mujeres encontraron que las mujeres que tienen una historia de abuso sexual infantil salen más arriba en dos escalas de depresión separadas. En las mujeres abusadas, apuntan el 17% en la escala depresiva del centro ambiental de estudios de depresión (CES-D), mientras el 15% apunta arriba en el hospital Middlesex con los cuestionarios que mide la depresión comparada con el 9% y 7% respectivamente en las mujeres no abusadas. Observando todos los datos anteriormente mencionados se puede afirmar que haber sido abusado sexualmente durante la infancia puede incrementar la probabilidad de la depresión, o bien puede influenciar la expresión o la severidad de ésta, tanto directa como indirectamente, como una consecuencia de un medio ambiente adverso en los primeros años de vida. Como lo afirman Rossa, Reinholtz y Angelini (1999) es factible que el abuso sexual infantil sea un problema crónico, con el cual la niña, la adolescente y la mujer adulta debe tratar a diario, ya que tiene una estrecha relación con los síntomas depresivos. Por último, es importante anotar, que la relevancia de esta investigación es que en México, no se había estudiado este ámbito. Se puede afirmar que dichas inferencias son válidas por el siguiente dato: Para evaluar el nivel de depresión de las sujetos se utilizó el inventario de depresión de Beck (1983) que fue realizado para evaluar la intensidad de la depresión. Ahora bien, como sólo se cuenta con la investigación de Jurado et al. (1998) sobre la estandarización del Inventario de depresión de Beck, se resolvió calcular la confiabilidad a través de la alpha de Cronbach, obteniéndose un puntaje de 0.94, mientras que para la validez de constructo se decidió realizar un análisis factorial encontrándose que este instrumento explica el 60.40 % de la varianza total. Así mismo se puede considerar que abarca tres factores que se denominaron síntomas de autoestima, síntomas psicosomáticos y síntomas psicosociales. Estos datos implican, que por lo menos para esta muestra, el inventario de depresión de Beck (1983) se constituyo como una adecuada medida de depresión ya que todos y cada uno de los reactivos manifiestan una apropiada consistencia interna, es decir miden lo que pretenden medir: la depresión. De igual forma, el margen de error de ese instrumento no es significativo. Finalmente, sólo resta decir que a partir de estas conclusiones para posteriores estudios se puede ahondar en:
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