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Instituto Mexicano de la Pareja. Con reconocimiento de validez oficial de estudios ante la Secretaria de Educación Pública No. 871649 con fecha Del 15 de Diciembre de 1987.
"LA RELACIÓN ENTRE HERMANOS VISTA DESDE LAS IMÁGENES ARQUETIPALES: UN ESTUDIO DE CASOS" T E S I S Que para obtener el grado de LICENCIATURA EN PSICOLOGÍA PRESENTA RUTH MAQUEDA RUIZ México, D.F. 2003 Resumen La naturaleza del ser humano ha sido siempre tema de profundas reflexiones a través de la historia de la humanidad. Desde los hombres de las grandes civilizaciones griegas y romanas hasta la actualidad con todos los avances que ha habido en la ciencia, el hombre sigue siendo el tema principal de reflexión. Jung (citado en Andreu, 2002) utiliza diversos conceptos para explicar el comportamiento del hombre, uno de ellos es el arquetipo; esta palabra significa "primer modelo" del que derivan los comportamientos y estructuras básicas de la psique humana. Siendo que la finalidad de esta investigación es emplear las imágenes arquetípicas como guía, para entender la relación entre hermanos. Para lograr este objetivo se realizó un estudio de casos, considerando a tres pares de hermanos adolescentes a los cuales se les entrevisto (y en algunos casos a sus padres). Los resultados señalan que, sí es factible utilizar la teoría de los arquetipos como base para el entendimiento de los hermanos en la adolescencia. Introducción Planteamiento del problema. ¿Es posible a través de los arquetipos fraternos poder comprender la relación que se da entre hermanos durante la adolescencia? Objetivos de la investigación. Objetivo general Analizar si el hecho de ser primogénito o segundo hijo es determinante para que un tipo de arquetipo se active en los hermanos adolescentes. Objetivos específicos
Antecedentes de la investigación. Es importante anotar que no se encontró bibliografía que esté directamente relacionada directamente a los conceptos de arquetipo y relación fraterna, por lo que en este inciso se detallan brevemente algunos puntos de vista de dichos términos. Así, un acontecimiento traumático típico de importancia es el nacimiento de un hermanito o una hermanita. Esto puede ser experimentado como una repentina perturbación de las gratificaciones edípicas, ya que los cuidados maternales tienen que ser compartidos ahora con alguien más; o bien las percepciones y especulaciones sobre el embarazo incrementan la curiosidad sexual o las angustias sexuales. Tanto un trauma como el otro puede dar por resultado una tendencia a la regresión a la primera infancia. Los hermanos o hermanas pueden servir también como objeto de transferencia del amor, especialmente los mayores o aquellos que son apenas un poco más jóvenes, vale decir, aquellos que siempre formaron parte del mundo conocido por el niño. Cuando hay varios hermanos o hermanas mayores, podemos encontrar "dobles del complejo de Edipo"; lo que se experimenta con los padres es experimentado por segunda vez con el hermano o la hermana mayor. Esto puede tener un efecto de alivio, pero puede crear también nuevos conflictos. (Fenichel, 2000). Un paciente que tenía varios hermanos mayores tuvo el siguiente sueño: "Vuelvo a casa con mi madre, después de un paseo, y encuentro que una banda de ladrones ha tomado posesión, entretanto, de nuestra casa". Los ladrones representaban a los hermanos, con quienes tenía que compartir nuevamente la madre al regresar ambos del paseo. (Fenichel, 2000) Los hermanos o hermanas menores, a los que habitualmente se siente como competidores, pueden ser considerados también como hijos propios, especialmente cuando la diferencia de edad es grande. Según Bank y Kahn (1988) cada hijo absorbe una singular mixtura de aquello que los padres odian y aman de sí mismos. La relación fraterna como cualquier otra relación familiar, está determinada en parte por esas proyecciones y deseos que la identidad de cada uno de los miembros de la familia con más de un hijo es articulada entre sí por los hermanos, a veces de una manera arbitraria y otras como las piezas de un complejo mosaico. Este mosaico de niños con la relación fraterna que los sostiene, aporta sus gratificaciones y permite que los padres se sientan enteros e inmortales. En cambio los niños sin hermanos con quienes "articularse", deben descansar en las personalidades de los padres. Los hijos únicos, a menudo se quejan, de manera ambivalente, de haberse constituido en la valorada prolongación narcisista de las esperanzas y sueños de los padres, en tanto han sido la única persona en la que estos últimos pueden depositar sus proyecciones; de este modo la ventaja de tener hermanos consiste en que no sea un único niño el que deba cargar con el proceso de proyección de la familia. Por otra parte, los vínculos que mantenemos con nuestros hermanos del mismo sexo y con nuestros amigos íntimos son tan misteriosos como los lazos que nos unen a nuestros amantes. En cualquier caso, trátese de relaciones consanguíneas o de vínculos espirituales, para cada uno de nosotros el otro representa, al mismo tiempo, al Yo y a la sombra. De este modo, las mujeres podemos vernos reflejadas en el espejo que nos brindan nuestras hermanas del mismo modo que los hombres pueden hacerlo en el que les ofrecen sus hermanos y descubrir la profunda similitud que nos une y la extraordinaria diferencia que nos separa (Zweig et al., 2002). En la mayoría de las familias la personalidad de las hermanas sigue caminos tan opuestos como los polos de un imán. en "The Pregnant Virgin" la analista junguiana Woodman (citado por Zweig, et al., 2002) las denomina "hermanas del sueño" porque, al igual que ocurre con las hermanas mitológicas Eva y Lilith, por ejemplo, cada una de ellas presenta cualidades y virtudes opuestas a las de su hermana. Así pues, si una se inclina hacia el mundo de la materia, la naturaleza y la comida, la otra, en cambio, suele sentirse atraída por el mundo del espíritu, la cultura y la mente. Así pues, estas parejas antagónicas se hallan eternamente unidas y eternamente separadas por la envidia, los celos, la competencia y la incomprensión. Lo mismo se podría decir respecto del tema de los hermanos y de otros pares de varones, como Caín y Abel, Jesús y Judas, etcétera, que, si bien parecen superficialmente opuestos se hallan, en cambio estrechamente relacionados en lo más profundo. En cada uno de ellos el ego y la sombra danzan de tal modo que cuando uno avanza el otro retrocede. Si, por ejemplo, en un determinado momento una persona considera que otro ser humano es su sombra o su enemigo, es muy probable que uno de los hermanos muera a manos del otro aunque, en ese mismo instante, morirá también una parte del asesino (Zweig et al., 2002). La relación fraternal es uno de los vínculos humanos más duraderos, que empieza con el nacimiento y acaba sólo con la muerte de uno de los hermanos. Aunque nuestra cultura parece permitirnos dejar de lado las relaciones entre hermanos, olvidarlas, tendemos a volver a ellos en momentos de celebración-bodas y nacimientos- así como tiempos de crisis –divorcios y muertes (Downing, 1994). En tales ocasiones, descubrimos a menudo, para nuestra sorpresa, con qué rapidez reaparecen los modelos infantiles de relación e intensidad del resentimiento y el aprecio infantiles (Downing, 1994). Por otra parte, todo arquetipo se asocia a un don "otorgado por un dios o diosa" y a conflictos potenciales. Al darnos cuenta de esto la arrogancia y el sentimiento de culpabilidad son menos probables. Y debido a que todo lo que hacemos que surge de nuestras profundidades arquetípicas tiene sentido para nosotros, un hombre que sepa "qué dios" o "dioses" actúan en él puede ser capaz de conocer qué opciones o caminos es probable que le resulten más satisfactorios. "Re-membrar" nuestras partes amputadas (desmembradas) es un proceso que puede recibir la ayuda de los sueños, los recuerdos y los mitos que nos conectan con nuestro inconsciente. Conocer los arquetipos ofrece a los padres o madres de hijos varones (especialmente madres solteras) un medio para ver y apreciar "quiénes" son sus hijos. El resultado neto es que un padre o una madre se sienten más competentes cuando entienden cómo puede que sea su hijo, cómo es probable que el mundo le trate, cuáles serán sus puntos fuertes y cuáles los débiles y dónde puede encontrar ayuda (Shinoda, 2002). Así, los arquetipos son poderosas predisposiciones invisibles que afectan en la personalidad, en el trabajo y en las relaciones. Los dioses tienen relación con la intensidad o la distancia emocional, preferencias por la agudeza mental, el esfuerzo físico o la sensibilidad estética, el anhelo de una unión en éxtasis, una comprensión panorámica, la noción del tiempo y mucho más. Los distintos arquetipos son responsables de la diversidad entre los hombres y su complejidad interior, y tienen mucho que ver con qué facilidad o dificultad los hombres (y los muchachos) pueden cumplir sus esperanzas y cuál es el precio que han de pagar por ello sus yoes más profundos y auténticos. Sentirse auténtico significa ser libre para desarrollar rasgos y potenciales que son predisposiciones innatas. Cuando somos aceptados y se nos permite ser auténticos, es posible tener autoestima y autenticidad a un mismo tiempo. Esto sólo se llega a desarrollar si las reacciones de las personas que nos importan nos animan en vez de descorazonarnos, cuando somos espontáneos y sinceros, o cuando estamos absortos en aquello que nos produce felicidad. Desde la infancia, en primer lugar nuestra familia y luego nuestra cultura, son los espejos en donde vemos si somos aceptables o no. Cuando hemos de adaptarnos para ser aceptables, puede que acabemos llevando una máscara y representando un papel vacío si el que somos interiormente y lo que se espera que seamos están muy distanciados (Shinoda, 2002). Importancia y justificación del estudio. La idea de tener un segundo hijo es, a menudo, agobiante para los padres. El primero ha demandado tanto amor, tiempo y atención, tanto espacio en la casa, tanta proporción de su presupuesto, que los padres se hacen muchas preguntas tales como: ¿Soy capaz de amar a un segundo hijo tanto como amo al primero? ¿Habrá bastante amor para ambos? ¿No será desleal con una niña o niño primogénito al imponerle un hermano o hermana? ¿Será el segundo hijo un intruso en el núcleo familiar, un competidor para su atención y amor? En suma, ¿Será el segundo hijo una adición bienvenida a la familia? (Lansky, 1986). En teoría, un hermano menor contribuirá a que el primogénito se vuelva más realista, se enseñará a compartir cosas y se convertirá en un compañero de juegos durante la niñez y en una fuente de amor y amistad a lo largo de toda la vida. Así, todos juntos constituirán una verdadera familia. Hay dos cosas de las que se puede estar seguro: de que el segundo hijo no será una réplica del primero, aunque se parezcan físicamente, y de que no se puede predecir en su totalidad cómo será recibido por el primero. Cualquiera que sea la edad del mayor, sea cual fuere el tiempo transcurrido entre los nacimientos, el primogénito tanto puede amar como odiar al bebé; tanto puede sufrir una regresión a la primera infancia, como madurar en forma asombrosa; puede suceder también que quede fascinado por el bebé o que le resulte indigente (Lansky, 1986). Por supuesto, parte de la actitud del niño mayor al recibir al bebé estará en relación con la edad que tenga, también con el grado de dependencia que ha tenido con respecto a la madre y, por último, estará en relación con su madurez emocional. Pero algunos aspectos de la recepción son, sencillamente inexplicables: se trata de una cuestión de personalidad y circunstancias coyunturales (Lansky, 1986). El primogénito ha tenido todo para él, como ningún otro niño podrá ya hacerlo, de manera que no hay que sorprenderse si incuba sentimientos negativos hacia el intruso. Lo que experimenta un niño cuando le endilgan un hermanito podría compararse a lo que sentiría una mujer cuyo marido trajera a casa una segunda esposa, diciendo: "Te quiero tanto que deseaba tener otra como tú". Lo mejor es permitir la iniciativa del niño mayor y dejar que la relación entre hermanos fluya con naturalidad. Aunque no es inusual que un chico mayor esté pendiente del bebé, fascinado con cada detalle, también puede ser normal que muestre un mínimo de interés o abierta hostilidad. Ninguna de las dos actitudes permite predecir la futura relación entre hermanos. Sea como fuere que el primogénito reciba al segundo hijo, durante la adolescencia se reactivarán dichos sentimientos y actitudes, siendo fundamental esto pues durante este período se debe consolidar la identidad, se debe establecer los patrones de relación con los demás y se debe lograr una independencia y madurez suficiente para superar e integrar las vicisitudes de la vida adulta. Es indudable que la adolescencia ha sido estudiada de diversos aspectos pero lo que se pretende en esta investigación es analizar la importancia que para el adolescente tiene la relación fraterna desde un punto de vista junguiano, específicamente a través de los arquetipos, con la finalidad de determinar si estos patrones de conducta ancestrales y este tipo de relación juegan un importante papel en las vivencias propias del adolescente. Este trabajo surge de la inquietud de entender el por qué los primogénitos difieren en conducta, actitud, etc., de los hijos segundos, analizando si esto se debe a la activación de determinados arquetipos, y si esto es, a su vez, fomentado por la actitud de los padres. Ahondar en estos aspectos resulta relevante en tanto que ayuda a una comprensión mayor del período de adolescente siendo éste importante ya que en toda cultura los jóvenes son el futuro de la sociedad. Limitaciones de la investigación Entre las limitaciones metodológicas con que cuenta esta investigación están:
Por estas limitaciones y otras que pudieren aparecer, las conclusiones a las que se llegue no pueden ser excesivamente generalizables ni desligadas de estos hechos. Además recuérdese, que los estudios de casos no tienen como finalidad establecer leyes universales de comportamiento, sino su riqueza es ahondar en un tema para proponer nuevas hipótesis de investigación. Definición de términos. La expresión "arquetipo" se encuentra en Filón de Alejandría en quien aparece referida a la Imago Dei en el hombre (Jung, 1997) Archetypus es una paráfrasis explicativa de la idea platónica. Esa denominación es útil y precisa pues indica que los contenidos inconscientes colectivos son tipos arcaicos o-mejor aún- primitivos. Los arquetipos son pues imágenes primordiales e innatas que fueron llamadas por Freud (citado por Andreu, 2002) "remanentes arcaicos" como una herencia genética de nuestra mente. Jung (citado por Andreu, 2002) definió como símbolos arquetípicos universales las imágenes y relatos comunes a todas las culturas que hacen referencia a la búsqueda interior del ser humano y denominó "inconsciente colectivo" a la fuente de la que emanan esas leyendas. Los contenidos de lo inconsciente personal son en lo fundamental los llamados complejos de carga afectiva, que forman parte de la intimidad de la vida anímica. En cambio, a los contenidos de lo inconsciente colectivo los denominamos arquetipos (Jung, 1997). Una parte es racional o mental, pero contiene también aspectos inaccesibles a la razón puramente perceptivos o intuitivos. El arquetipo surge del lenguaje simbólico que es una forma de lenguaje que expresa algo más que lo obvio o inmediato. El término griego symbolon (símbolo) procede de la designación de un objeto que se partía en dos trozos, el conciente y el inconsciente, el símbolo nos ayudaría a recordar nuestra parte escindida: el inconsciente y el vínculo tan estrecho que tenemos con él. Esta parte escindida inconsciente se puede ver en los actos cotidianos que muchas veces llevamos a cabo con patrones desligados de nuestras actitudes concientes (Andreu, 2002). Los símbolos son una expresión de algo genérico en lo que cooperan el conciente y el inconsciente; no son racionales ni irracionales, pueden ser únicamente personales, pero cuando un símbolo es colectivo se le denomina arquetipo (Andreu, 2002). Arquetipo, literalmente: el modelo primitivo. En la psicología de Jung, los arquetipos representan un "fondo de imágenes antiguas que pertenecen al tesoro común de la humanidad". Se las encuentra en todos los tiempos, en todos los lugares, en la mitología, las leyendas, los sueños, los delirios. Por ejemplo, el dragón, el círculo, el paraíso perdido. Constituyen las imágenes psíquicas innatas que pertenecen al inconsciente colectivo: "al lado de los contenidos del inconsciente personal, existen otros que no son adquiridos y que provienen de las posibilidades congénitas del psiquismo en general" Son, pues, formas preexistentes, esquemas portadores de energía, que tienden a expresar símbolos. Por ejemplo, la imagen de los padres estaría preformada en nuestro espíritu anteriormente a toda experiencia: el niño tendría en sí algo que evoca la presencia de la pareja generadora (Bernstein, 1997). Símbolo Universal. (universal symbol: (psicoanál.) Objeto o contenido mental (una idea, una imagen onírica) que representa para todos los hombres, el objeto de un deseo primitivo o inconsciente (Bernstein, 1997). Metodología. Tipo de investigación. Este estudio es una investigación fenomenológica en tanto cuanto que intenta sistematizar la subjetividad. Es un estudio de la experiencia vital, del mundo de la vida de la cotidianidad. Así busca conocer los significados que los individuos dan a su experiencia, lo importante es aprender el proceso de interpretación por el que la gente define su mundo y actúa en consecuencia (Rodríguez et al, 1999). Según Spiegelberg (citado por Rodríguez et al, 1999) una investigación fenomenológica implica el desarrollo de seis fases:
Así mismo, es un estudio deductivo en tanto cuanto va de lo general a lo particular. Método. La elaboración de este trabajo en su parte teórica implica la utilización del análisis de contenido. Pick y López (1990) y Pardinas (1973) definen análisis de contenido como el estudio o clasificación de las partes de un documento en categorías preestablecidas con el fin de extraer de ellas la Información más relevante. Las partes del escrito que se pueden clasificar van desde las palabras, frases, párrafos, hasta ideas completas. A su vez, el último autor, por su parte menciona que las categorías deberán ser suficiente exhaustivas para que se incluyan todas las respuestas o información y mutuamente exclusivas. De tal suerte que una información pueda ser clasificada en una categoría y no pueda hacerlo en otra. El método a seguir será inductivo o deductivo dependiendo de si parte de lo general a lo particular o viceversa. Definición de variables. La variable independiente es el Arquetipo de los hermanos y se entiende por este término: Arquetipo de los Hermanos: La Hermana y el Hermano son lo que Jung llamaría arquetipos, presentes en nuestra vida psíquica independientemente de la experiencia concreta, como la Madre y el Padre. Como todos los arquetipos el Hermano aparece una y otra vez proyectado o en forma de "transferencia", y tiene un aspecto interior. Revisar el significado de la condición de hermanos requiere prestar atención a los tres modos: el del hermano concreto o (hermanos), los hermanos sustitutos y el hermano interior, el arquetipo. Se considera que "hermandad" es el nombre adecuado para la amistad íntima entre hombres, pues expresa una intimidad real que se basa en una temprana experiencia del mutuo dar y recibir. Hablar de la intimidad entre hombres adultos como si fuera una relación de hermanos es reconocer que este proceso de sustitución continúa. Aceptar el significado de la infancia a nuestras relaciones adultas. En la hermandad hay espacio para la semejanza y la diferencia, para las diferencias sutiles que desafían y deleitan; hay espacio para la decepción- y para la sorpresa. (Downing, 1994) Mientras que la variable dependiente es la relación fraterna. Según el concepto que puntualizan Bank y Kahn (1988) es el de "acceso fraterno" es decir "un impacto emocional recíproco de importancia". Sujetos. Para lograr los objetivos de esta investigación se analizaron tres casos, con las siguientes características: Criterios de inclusión.
Criterios de exclusión.
Criterios de Eliminación.
Instrumento. Se planteó realizar una entrevista abierta siguiendo el formato propuesto por la Dra. Isabel Díaz Portillo en su libro intitulado "La técnica de la entrevista psicodinámica". Comentarios y conclusiones. La naturaleza de la relación entre hermanos - emocional, intensa, carente de inhibiciones, rebosante de conducta imitativa, acomodada a un conocimientote la manera de comportarse una persona y de lo que le afectará - significa que potencialmente posee una tremenda importancia como influencia sobre un niño que crece. Los actos hostiles entre hermanos conforman la conducta agresiva de cada niño; el hermano mayor es, a menudo un modelo para el menor, los chicos introducen a los hermanos pequeños en un mundo compartido de juegos, de fantasía, un mundo en que sencillamente no podrían entrar solos a edad tan temprana. La forma en que los mismos niños formulan comentarios sobre sus hermanos indica que tales intercambios distan de ser triviales para cada uno de ellos. Un rasgo crucialmente importante de la relación es la gama espectacularmente amplia de diferencias individuales en la calidad de la relación entre hermanos. En unas familias cada interacción es cordial, de apoyo, relajada y afectuosa. En otras, todos los intercambios son hostiles y en un tercer grupo la relación es mucho más ambivalente. Es conveniente recordar que no se trata de generalizar simplemente a partir del orden de nacimiento, de la diferencia de edad o de sexo. Más bien hemos de tener en cuenta la calidad de afecto de la relación, las personalidades de los niños y sus relaciones con sus padres. En cierto sentido, así nuestros dos primeros temas - influencia fraterna y diferencias individuales entre los hermanos - se hallan considerablemente ligados. No cabe ir muy lejos formulando preguntas suscitadas por el primero sin reconocer la trascendencia del segundo. ¿Por qué algunos hermanos se llevan tan bien mientras que otros reaccionan con semejante hostilidad? La forma tradicional de reflexionar sobre la variedad en la manera de llevarse los hermanos y de explicar las diferencias entre éstos dentro de una familia, ha consistido en subrayar la importancia del orden de nacimiento, la diversidad de edad y el sexo de los niños. Diversos estudios y autores (Adler, 1931; Aguilar y Andrade, 1994; Ansbachedr et al, 1959; Arkin, 1979; Bank y Kahn, 1988; Gónzalez y Gónzalez, 2003; Hapworth y Rattner, 2001) revelan que éstas variables son importantes a la hora de explicar las diferencias en el afecto, la cooperación, la agresión, la imitación, la hostilidad o la empatía mostrados por los hermanos durante el periodo preescolar, o hacia la mitad de la niñez. Se puede inferir que el orden de nacimiento es importante (no resulta extraño) en las relaciones de dominio y poder entre hermanos y en el tipo de asistencia de los niños hacia sus hermanos; la diversidad de edad es también importante en estas conductas semejantes a las de los progenitores. Sin embargo, pensar en la relación entre hermanos exclusivamente en términos de rivalidad es simplificar en exceso una relación de complejidad peculiar y fascinante. Ahora bien, esta relación fraterna es de suma importancia durante la adolescencia pues en ella se reviven los celos y la envidia, los primeros son o representan el temor a perder algo que se posee mientras que los segundos son el deseo de poseer algo de lo que se carece (Traver, 2003). Estos sentimientos son vividos intensamente durante la adolescencia, asì por ejemplo los celos que provoca un hermano menor se pueden deber en gran parte a que a éste se le conceden privilegios a una edad más temprana que aquella en que se le concedieron al primogénito. También se pueden tener celos de los compañeros que son más populares que él. Cuanto menos seguro se siente en sus relaciones sociales con el grupo de pares, mayores probabilidades hay que esté celoso de aquellos cuya aceptación social parece segura. También se vivencian fuertes sentimientos de envidia y así el joven envidioso dirá a quienes cuyos bienes codicia que son muy "afortunados" y a menudo le sugerirá, solapada o abiertamente, que compartan sus posesiones con él, argumentando que sus padres son demasiado pobres o "demasiado tacaños" para concederle las cosas que el anhela. Muchas veces tratará de menospreciar el valor de las posesiones ajenas o aún ridiculizarlas como forma de compensar su carencia. Es posible que el adolescente reaccione tratando de convencerse de que está satisfecho de lo que posee. Esta actitud de optimismo obsesivo es por lo general un producto de las enseñanzas familiares. Ahora bien, estos sentimientos no solo se vivencian con el grupo de iguales o en el ámbito social, sino que se empiezan a experimentar mayormente en el ámbito familiar, pues en este se dan las relaciones más significativas. Así, Arkin (1979) especifica que las conductas competitivas más frecuentes entre hermanos se dan para lograr el afecto y la atención de los padres, sirviendo como vehículos con los cuales se puede lograr la independencia de las reglas y de la ideología familiar. En un inicio, se puede afirmar, como lo describe Hapwart y Rattner (2001) el origen de los celos y la rivalidad fraternal radica en un deseo muy profundo de tener el amor exclusivo de los padres, porque precisamente de éstos fluyen los satisfactores más importantes para la sobrevivencia: comida, techo, caricias y especialmente, un sentido de identidad de valor y de sentirse un ser especial y único. Estos sentimientos son vitales y la presencia de un hermano es una sombra que pone en peligro el flujo de dichos satisfactores. Adler señala que ha habido algunos malentendidos en la interpretación de la costumbre de clasificar a los niños según el orden de su posición en la familia: no es, naturalmente, el número de orden del hijo en el nacimiento lo que influye en su carácter, sino la situación en la cual ha nacido y la manera según la cual él lo interpreta. Así, si el hijo mayor desaparece de los demás hermanos, el mayor de ellos puede desarrollarse como un primer hijo. Estas diferencias suceden algunas veces aún en el caso de gemelos (citado por Ansbacher, 1959). Así, las reacciones del niño con sus hermanos pueden ser fuente de ciertos problemas de su personalidad. El favoritismo de los padres y el sentimiento de haber sido suplantado por el nacimiento de un hermano menor pueden desencadenar celos y rivalidad anormales respecto al hermano. Hay que recordar que para algunos niños es especialmente difícil compartir un adulto (especialmente uno de los padres) con otro niño. Cada hijo desea recibir en exclusiva todo el amor de la madre o el máximo posible. Es esta actitud profunda de los hijos la que determina el conflicto de la rivalidad. Aunque el reparto sea equitativo los hijos tienden a poseerlo en exclusiva. Educar esa tendencia egoísta es la mejor intervención que podemos hacer sobre ello. Aun cuando los padres tiendan a ser muy justos, y lo sean, los hijos pueden no escapar al sentido negativo de la rivalidad. Se demuestra que las madres excesivamente pendientes de estos problemas logran agravar la situación de la rivalidad entre sus hijos (González, 2003). Los adolescentes que presentan problemas de rivalidad fraterna suelen ser muy virulentos. Sí el adolescente tiene un hermano a edades tardías, y lo vive con rivalidad y celos, el problema suele resultar mas aparatoso que en ningún otro momento, pues se encuentra en una edad difícil ya de por sí, a lo que tendría que añadir esa nueva circunstancia de su entorno familiar que para el adolescente puede presentar un cierto choque frente a sus gustos y tendencias, El adolescente tiene que encarar aquí algo nuevo. Otra situación es el crecimiento entre rivales de edad más o menos próximas. Si no se han superado los celos los hermanos crecen en una rivalidad que se ha transformado en un hábito, en una costumbre. Así que tenemos un conflicto básico enquistado. Así pues, frente a la rivalidad hay que tratar el problema estableciendo criterios claros entre los hermanos (si son más o menos de la misma edad). Apelar al sentido de la responsabilidad si es mayor frente a un hermano pequeño. Las cosas que se negocien deben ser justas y las consecuencias que guarden una proporción, y todo esto debe lograrse en un contexto de diálogo continuo de tal modo que esos criterios sean asumidos por todos, por lo que en la comunicación con el adolescente debemos explicarlo todo muy claramente y desde un punto de vista de asumir responsabilidades, no desde la< imposición, la orden y el mando. Los hermanos del mismo sexo se hallan implicados en un proceso recíproco de autodefinición. Paradójicamente cada uno de ellos es, al mismo tiempo, para el otro, el yo ideal y lo que Jung denominaba "la sombra" como uno de los principales arquetipos del inconsciente colectivo (citado por Zweig, 2003). La sombra personal se desarrolla en todos nosotros de manera natural durante la infancia. Cuando nos identificamos con determinados rasgos ideales de nuestra personalidad - como la buena educación y la generosidad, por ejemplo, cualidades que, por otra parte, son reforzadas sistemáticamente por el entorno que nos rodea - vamos desterrando también a la sombra aquellas otras cualidades que no se adecuan a nuestra imagen ideal - como la grosería y el egoísmo -, por ejemplo. De esta manera, el ego y la sombra se van edificando simultáneamente alimentándose, por así decirlo, de la misma experiencia vital (Zweig, 2002). La sombra opera como un sistema psíquico autónomo que perfila lo que es el yo y lo que no lo es. Cada cultura - e incluso cada familia - demarca de manera diferente lo que corresponde al ego y lo que corresponde a la sombra. Algunas, por ejemplo, permiten la expresión de la ira y la agresividad mientras que la mayoría, por el contrario, no lo hacen así; en fin, consienten la ambición por el dinero, la expresión artística y/o el desarrollo intelectual mientras que otras, en cambio, apenas si las toleran (Zweig, 2002). Los arquetipos son nuestros guías internos. A lo largo de nuestro periplo recibimos ayuda de guías internos o arquetipos; cada uno de los cuales ejemplifica una manera de ser en la travesía. Los guías interiores son arquetipos que nos han acompañado desde el principio de los tiempos (Pearson, 1992). Los dioses como figuras arquetípicas son como cualquier cosa genérica: describen las estructuras básicas de esta parte de un hombre. Esta estructura básica esta "revestida", "encarnada" o "pormenorizada por el hombre individual, cuya exclusividad está formada por la familia, la clase de nacionalidad, la religión, las experiencias de la vida y el tiempo en que vive, su aspecto físico y su inteligencia. Sin embargo, todavía podemos observar que sigue cierto patrón arquetípico, al recordar a un dios en particular. Así, en la psicología de Jung, los arquetipos representan un "fondo de imágenes antiguas que pertenecen al tesoro común de la humanidad". Se las encuentra en todos los tiempos, en todos los lugares, en la mitología, en las leyendas, los sueños, los delirios. Por ejemplo, el dragón, el círculo, el paraíso perdido. Constituyen las imágenes psíquicas innatas que pertenecen al inconsciente colectivo: "al lado de los contenidos del inconsciente personal, existen otros que no son adquiridos y que provienen de las posibilidades congénitas del psiquismo en general", son, pues, formas preexistentes, esquemas portadores de energía, que tienden a expresar símbolos. Por ejemplo, la imagen de los padres estaría preformada en nuestro espíritu anteriormente a toda experiencia: el niño tendría en sí algo que evoca la presencia de la pareja generadora (citado por Bernstein et al, 1997). Hay un ejemplo de la vivida complejidad de este mundo de los arquetipos, las representaciones instintivas e intuitivas de la mitología griega. Este sistema espiritual quizás es el modelo más altamente colectivo que aún poseemos. Es precisamente debido a esta excepcional conciencia instintiva del inconsciente colectivo, demostrada en sus mitos y leyendas y en todo lo que surge de ellas, que los griegos fueron capaces de hacer una contribución tan formidable a la evolución del espíritu humano. "Hacer", activa a los dioses: "no hacer" los inhibe, y en resumen, se puede decir que los arquetipos siempre existen y actúan; no tienen en sí necesidad de fe alguna, sino de que se intuya su significado y se tenga un prudente temor, que nunca pierda de vista su importancia. El arquetipo es por una parte un factor espiritual, y por otra un significado oculto, inherente al instinto, el espíritu es, como ya he demostrado, bifido y paradójico: una gran ayuda y un peligro igualmente grande (Shinoda, 2002). Hay dioses y diosas en todas las personas. A Través de ellos podemos descifrar ese momento de inspiración cuando algo que sabemos intuitivamente respecto a nosotros mismos produce una imagen clara y se manifiesta en palabras (Shinoda, 2002). Las imágenes arquetípicas nos proporcionan un "autorretrato" de la psique y revela su carácter proteico y de múltiples facetas. Aportan energía y orientación para la continua renovación de la vida. Y ahí, que la finalidad de esta investigación haya sido vislumbrar la relación de los hermanos a través de la perspectiva de los arquetipos. Por lo que a las conclusiones que se llegan en esta investigación son:
Tal situación hace reflexionar acerca de la importancia que es el tener un ambiente funcional en donde exista la armonía, el respeto y para ello sería conveniente quizás prepararse, es decir estar en óptimas condiciones a la llegada del primogénito, tal vez suene utópico, ya que al encarnar en algún arquetipo es posible que ese espíritu necesite pasar algunas pruebas, para crecer o para evolucionar en este plano físico y así transformarse para el siguiente, es decir, el plano espiritual.
La polaridad es también la base de la creatividad interpersonal. Es la polaridad de la tierra y la lluvia, del río y del océano, de la noche y el día, de la oscuridad y la luz, de lo material y el espíritu. Es decir, si se observara un lado oscuro en uno de ellos como la envidia, y existiera un ambiente de armonía en el que los padres lejos de promoverla, guiaran, acompañaran orientaran la envidia, ésta podría ser creativa, en otras palabras si este sentimiento lejos de provocar la rivalidad entre los hermanos la trabajaran positivamente para incentivar, alentar a que se trascienda en forma de no competir con el hermano, sino de fijarse una meta propia teniendo teniendo como objetivo el lograr obtener aquello de lo que se envidia, no deseando el mal del otro, ni siquiera de solo observar aquello que no se tiene, sino de luchar por adquirir esa característica que se tiene en el inconsciente pero que no ha salido a la superficie, al consciente. Quizás, se lograría una complementariedad y por lo tanto un equipo, un ambiente funcional.
Sea como fuere, estos datos sugieren que utilizar la teoría junguiana, específicamente los arquetipos, puede ofrecer una perspectiva más enriquecedora de la relación entre hermanos en la adolescencia. Por otra parte, como sugerencias se puede afirmar que no es conveniente realizar comentarios de comparación entre hermanos, en el sentido de valorar lo mejor o lo peor, lo más bueno o lo más malo, etc. Cada cual es como es y todos llevamos dentro de nosotros lo "bueno" y lo "malo". La personalidad humana es única, diferencial, pero todas muy respetables. Saber aceptar en la familia al otro es una de las claves de la resolución de la rivalidad. Todo padre debe lograr de sus hijos una valoración objetiva y justa de las cualidades, y un intentar de modo equilibrado reeducar aquellas cosas que constituyan aspectos negativos. Hay que valorar lo positivo para generar una buena autoestima en los hijos. Deben sentir que se les quiere. Unos padres que logran controlar la angustia tienen más posibilidades de ayudar más eficazmente a sus hijos, pues no proyectarán sobre ellos sus dudas o inquietudes, la angustia. Se deben dar pequeñas compensaciones para que el mayor logre suavizar los celos. La rivalidad fraterna es producto del miedo que los seres humanos tenemos a la soledad y al desamparo. Su temor básico es lo que lleva a los niños a la lucha por el cariño y las llamadas de atención de sus mayores. La rivalidad entre hermanos puede entrar en una fase de "lucha por el poder" y traducirse en un "yo quiero mandar sobre ti". Los padres deben educar día a día este impulso (riñas, palabrotas, chantajes, sobornos, burlas….). Así mismo, por los resultados de este estudio, se puede afirmar que el orden de nacimiento juega un papel determinante en la vida del individuo, no obstante, no es el único factor para la personalidad de éste, ya que como se ha señalado influyen también otros aspectos tales como el arquetipo de la familia, el arquetipo de cada uno de los padres, en el que nace el sujeto, el icono que encarna este mismo, además; del que encarna el otro hermano (según la psicología junguiana), el entorno que le rodea, entonces, por todo lo anterior, se puede inferir que es multifactorial y por lo tanto, se concluye que ningún individuo es igual a otro, ya que cada uno nace en circunstancias diferentes, llámese familia, padre, madre, hermano, entorno, etc. Finalmente, queda para posteriores investigaciones seguir ahondando sobre estos resultados, por ejemplo sería necesario anexar variables como el sexo, rasgos de personalidad, evaluación del ambiente emocional de la familia, manejo de creencias y mitos, vivencias espirituales, etc., factores que individualmente enriquecerán a este estudio. |
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