Reflexiones y Curiosidades
 
RESEÑAS


Pablo García Rodríguez, SALVE SU MATRIMONIO, ES POSIBLE ,
por Marya Galván y Genaro Cibrián

La relación de pareja, a diferencia de la soltería, a pesar de las dificultades que encierra, si se sabe conducir, ofrece más gratificaciones que insatisfacciones. En ella se tiene la oportunidad de reconocer cada día y encontrar en la aparente uniformidad de lo ordinario, la sorpresa de lo extraordinario, pero para ello se necesita agudizar la sensibilidad y mantenerse continuamente interesado, con una perpetua disposición hacia la curiosidad y el asombro. Nos brinda la oportunidad de descubrir qué tan creativos, generosos, caprichosos o egoístas somos. Es allí donde nos encontramos a través del otro; el lugar que nos da la máxima oportunidad de descubrir nuestras más edificantes virtudes y nuestros más desagradables defectos; también podemos enriquecernos aprendiendo continuamente del compañero.

En consecuencia, si es tan útil y necesario, personal y socialmente el matrimonio, deberemos buscar las causas de su fracaso no en la institución en sí, sino en lo que cada uno de los miembros de la pareja aporta cuando llevan a cabo la decisión de unirse. Un buen principio es llegar a él, estando perfectamente convencido de que la vida merece ser vivida y adquiere sentido cuando somos capaces de arrancarle la parte de felicidad que nos corresponde.

Empero, muchas personas no saben qué hacer para vivir felices y otras ignoran que la felicidad es la mejor manera de invertir la vida ya que ella nos permite desarrollar a plenitud las capacidades de que venimos dotados; obtener armonía interior y desarrollar relaciones gratas con los demás.

Muchas personas son felices en soltería y así deciden permanecer el resto de su vida. Nos parece una opción respetable, pero lo común es que nos realicemos compartiendo todo cuanto sea posible con una pareja, una familia. Sin embargo, es en esta situación de matrimonio donde puede surgir con mayor frecuencia, el conflicto, la fricción y la infelicidad. Algunos individuos muy bien dotados o afortunados, obtienen la felicidad sencillamente, sólo existiendo, compartiendo, haciendo lo que quieren, aceptando a su pareja como es; pero para la mayoría representa un reto que pone a prueba su inteligencia, su sensibilidad, su creatividad, su perseverancia, su valor.

Sabemos que no hay recetas para conquistar la felicidad puesto que cada quien tiene su propio concepto que lo satisface, se aproxima, o nunca lo alcanza de acuerdo con su personalidad, mas igualmente creemos que la felicidad es una actitud hacia la vida que se puede desarrollar; que partiendo de la interioridad; se proyecta hacia el exterior y después se recupera. Ciertamente que comprende el placer momentáneo derivado de los sentidos y la alegría pasajera con la que se reacciona a un suceso agradable, sin embargo, es mucho más que eso, es un proceso continuo de desarrollo hacia la plenitud.

Nadie puede obtener la felicidad si la espera pasivamente de su entorno, llámese trabajo, familia, hijos, compañera, bienes materiales. Sino que, para llegar a ella, se necesita encontrarle a cada persona, a cada circunstancia, lo positivo, lo agradable, y a las situaciones desafortunadas, al menos, la experiencia. También incluye separarse de lo que cause sufrimiento innecesario, que por no estar contenido en el proceso mismo de vivir, se le fabrica con el pensamiento aguardando siempre lo peor, viendo en los demás y en el mundo todo lo que pueda ser usado para sufrir. Una pérdida económica, de un familiar querido, una operación, etcétera, son circunstancias inherentes al proceso de vivir, con las que inevitablemente sufrimos en proporción directa al significado que le hayamos dado a la causa del dolor.

De estos hechos se sale fortificado o al menos resignado. Estas situaciones inevitables contrastan vivamente con lo que, asiduamente, aportan los que forman una pareja o sea:

  1. sus problemas de personalidad,

  2. el concepto irreal que tienen de la unión y

  3. la manera impropia de conducirse con el compañero.

  4. Todo ello contribuye significativamente para malograr cualquier unión.

    Pueden existir también:

    1. Problemas de personalidad de uno o los dos integrantes: A peor estructura y funcionamiento de la personalidad, tales como inmadurez, inseguridad, dependencia, minusvalía, impulsivismo, destructividad, etc., mas altas posibilidades de fracaso. Son dignos de mención especial los sujetos que tienen problemas muy graves para establecer y mantenerse en contacto íntimo por un tiempo prolongado.

      También mencionaremos que cuando los conflictos de uno de ellos se complementan con los que el otro posee la relación suele marchar sin grandes contratiempos aunque para muchos no sea del todo satisfactoria. Es el caso de una persona autoritaria que se une a una sumisa o el de una persona posesiva que se enlaza con otra insegura.

    2. El concepto que se tiene del matrimonio o la relación: Si las ideas de él y de ella son discordantes, por ejemplo, ella puede creer que el matrimonio es sólo para disfrutar de compañía, sexo, bienes materiales y no tiene que aportar nada al mismo que no sea su presencia. Y él piensa que la unión incluye áreas de responsabilidades claras con cumplimiento preciso de ellas. Si se construye la unión sobre premisas falsas desde el principio se dirige a su disolución o la vida en común se convierte en una fuente inagotable de infelicidad

    3. La manera de actuar dentro de la relación: cómo se abordan y resuelven los problemas de autoridad. A gritos, amenazas o con diálogo y tranquilidad. Las decisiones son impuestas y obligatorias las acepte o no el otro, o son razonadas y asumidas por cada uno; de liderazgo, o sea, quién es el que va a establecer las pautas a seguir por la familia. Si estos lineamientos se acatarán por convencimiento, o el otro aceptará las normas de mala manera. Mientras estos procesos se realicen con la participación de los dos, con espíritu de colaboración y se resuelvan con equilibrio, las cosas marcharán.

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